Iyambae FM

viernes, 23 de junio de 2006

A DOCIENTOS AÑOS DE LA PRIMERA DE LAS CINCO ¿O SEIS? INVASIONES INGLESAS


En junio de 1806 se produjo el desembarco de las tropas británicas que significó el comienzo de la primera invasión militar anglosajona en el actual territorio argentino.

Inicialmente exitosa, dicha invasión fue al poco tiempo enfrentada y vencida por la resistencia de la población local, en un levantamiento armado que –según historiadores revisionistas- unió a españoles, criollos (hijos de españoles nacidos en este suelo), población nativa e incluso esclavos.

La osada aventura militar fue repetida por los británicos un año después, en julio de 1807, oportunidad en la que fueron repelidos y rápidamente derrotados, pues ya existía una milicia propia –de cuya formación nacería el Ejército Argentino pocos días después del Cabildo Abierto de 1810.

Varios motivos históricos muy particulares estimularon al Imperio Británico a emprender las invasiones de 1806 y 1807. Por una parte, el Imperio estaba deseoso de conquistar otras colonias que lo compense de la pérdida ya irreversible de las colonias de Norteamérica. Por otra parte, España estaba bajo dominio de la Francia de Napoleón, por lo que no estaba en condiciones de emprender una expedición punitiva contra las tropas invasoras inglesas. Pero además, el bloqueo continental que Napoleón impuso contra los buques británicos, había afectado profundamente a la economía de la industrializada nación isleña, que había perdido el fácil acceso a las materias primas y a los mercados compradores de la Europa Continental. Y también, las tareas de inteligencia previa a las invasiones de los británicos, habían llegado a la errónea conclusión que la mayoría de la población de las Provincias Unidas del Río De La Plata vería con buenos ojos la llegada de los supuestos “libertadores”.

Pero resulta que la “Historia Oficial” que nos enseñaron en las escuelas primarias y secundarias, habla solamente de las dos invasiones inglesas, omitiendo todos los otros actos de agresión de “La Rubia Albión” (el Imperio Británico) contra la Nación Argentina.

La “Historia Oficial”, la defendida por la “línea academicista” (responde a la Academia Nacional de la Historia), fue la iniciada por Mitre y apoyada por “El Régimen” de los vencedores de Caseros. Además del propio Bartolomé Mitre, otros nombres de esta corriente histórico doctrinal son los de Paul Groussac, Ricardo Levenne, Vicente Fidel López, y en nuestros tiempos García Hamilton, entre otros.

Y esas curiosas “omisiones” no son casuales, pues se entroncan profundamente con la concepción político económica de los unitarios, después devenidos en políticamente conservadores y económicamente ultraliberales, que han manejado la conducción argentina en prácticamente las tres cuartas partes de la aún breve Historia Argentina.

Más allá de las verdaderas agresiones diplomáticas sutilmente manejadas por los británicos –como Lord Ponsonby- y por sus agentes nativos cipayos –como Rivadavia-, que ocasionaron las escisiones de la Banda Oriental y el Alto Perú (Uruguay y Bolivia respectivamente); durante los dos períodos de gobierno de Don Juan Manuel de Rosas y su interregno, la Confederación Argentina soportó tres agresiones armadas consecutivas.

La “Historia Oficial” academicista apenas menciona como al pasar la invasión de las Islas Malvinas, concretada por la fragata Clio, cuyos marineros expulsaron al Gobernador de Malvinas Luis Vernet, puesto en su cargo por la Confederación Argentina.

Pero en cambio la misma “Historia Oficial” prácticamente omite los dos prolongados bloqueos navales del Río De La Plata, impuestos para doblegar a la Confederación Argentina, que defendía la soberanía en nuestros ríos interiores y las protecciones aduaneras a nuestras producciones.

Esos dos bloqueos navales, en la óptica de los unitarios – liberales, fueron “hechos menores sin importancia”, e incluso para algunos “deben ser agradecidos, pues fueron hechos contra el ‘tirano sangriento’”, dejando de lado esos sofistas de La Historia que el propio Padre De La Patria se ofreció por cartas enviadas a Rosas para luchar del lado de La Confederación, e incluso en reconocimiento le obsequió al Restaurador De Las Leyes la espada que empuñó en la Campaña Libertadora de Los Andes.

El primer bloqueo naval fue realizado por la Escuadra Francesa, entre 1838 y 1840. Si bien Gran Bretaña no intervino, pues su flota de guerra estaba ocupada destrozando la resistencia del decadende Imperio Chino; el cual ya estaba fuertemente afectado por la corrupción generalizada y por el consumo de opio impuesto por los colonizadores; no obstante ello es fácil percibir tras bambalinas la instigación británica a la agresión de los galos, pues éstos estaban ansiosos de vanagloria ante “los pueblos salvajes de Sudamérica”, posiblemente para levantar la alicaída moral del pueblo francés ante el papel de segundón que la antes orgullosa Francia desempeñaba en ese momento con relación a Gran Bretaña.

Con escasos resultados prácticos, el primer bloqueo naval se diluyó sin pena ni gloria.

El segundo bloqueo naval fue realizado por las escuadras combinadas de Gran Bretaña y Francia, entre 1845 y 1848.

Los agresores llegaron a forzar el paso del Paraná, en la pírrica victoria que obtuvieron en la Vuelta de Obligado, en la cual y en los combates posteriores nuestros patriotas les hicieron pagar un alto precio, de forma tal que debieron retirarse con numerosas bajas y con importantes pérdidas materiales.

Con este segundo bloqueo naval se completan cinco agresiones armadas en el siglo XIX.

Pocos años después, a comienzos de 1852, lo que los británicos no pudieron con la fuerza de las armas, lo lograron con las conspiraciones político – diplomáticas. A la traición de Urquiza, se sumaron las tropas brasileñas y el grueso de los unitarios exiliados en La Banda Oriental, en actos de verdadera traición a la Patria, pues de hecho lucharon contra la Confederación y a favor del separatismo de la Banda Oriental y de la pérdida de vastos territorios al este del Río Uruguay, en el actual sur brasileño.

Vendría después el medio siglo de incorporación tácita de Argentina al hinterland británico, desde la Presidencia de Mitre en 1862 hasta el triunfo popular y nacional que significó la victoria electoral de Yrigoyen en 1916.

Después, durante la “década infame”, en 1935 el Vicepresidente “Julito” Roca exclamaría exultante en un agasajo realizado en Londres: “La Argentina es la joya más preciosa de la Corona de su Majestad Británica”. Semejante bofetada a los sentimientos nacionales fue expresada al firmarse el Pacto Roca – Runciman, el mismo que Jauretche con filosa precisión llamó “el estatuto legal del coloniaje”.

La última agresión británica fue la respuesta a la temporaria recuperación de nuestra soberanía sobre los archipiélagos australes: Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, perpetrado en 1982; todavía de fresco y doloroso recuerdo para los argentinos.
Es notable como cierta prensa cipaya y los mercenarios del periodismo, insisten en descalificar el legítimo intento de recuperación de la soberanía argentina en los Mares Australes, incluso enfatizando los “beneficios” que –en esa óptica- aportó la derrota de las fuerzas argentinas, al provocar la caída del desgastado y deplorable “proceso”, comenzado por Videla y sus acólitos militares y civiles.

La absoluta falta de planes alternativos ante la previsible agresión británica, desnudó hasta que punto llegó el grado de confusión mental de las conducciones de las Fuerzas Armadas Argentinas, que habiendo sido peones dóciles de los designios del imperio de turno, se creyeron sus “aliados”.

Hasta se habrían desechado importantes ofertas de armamentos, que hubiesen podido completar la eficiente tarea de desgaste y destrucción realizada por la Fuerza Aérea Argentina y la Naval; sumada a la resistencia en muchos casos heroica de muchos combatientes de las tres armas; pues quienes conducían el país y la guerra, entre la defensa de La Patria y los difusos “valores de la civilización ‘libre, occidental, y “cristiana’ “,optaron por estos últimos, aún a costa del sacrificio aparentemente estéril de nuestros jóvenes y de la derrota de nuestras fuerzas. ¡Pero que otra cosa podía esperarse de quienes condujeron los primeros años del mayor proceso de destrucción socio económica de Argentina, crudamente “complementados” por las presidencias posteriores a lo largo de tres décadas!

En los últimos años, la tarea de lavado mental de nuestros jóvenes está siendo complementada por el disolvente accionar de las organizaciones ultraecologistas, las neo fuerzas de choque de los intereses globalizadores y claramente antinacionales. ¡Pero esa ya es otra parte de La Historia!


C.P.N. CARLOS ANDRÉS ORTIZ Ex docente universitario – Investigador de temas económicos, energéticos, geopolíticos y ambientales Cursante de la Maestría en Gestión de la Energía (*) Este artículo contiene conceptos y un párrafo textual del libro en curso de redacción “Geopolítica del Desarrollo”, del mismo autor.

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