domingo, 11 de diciembre de 2005

Israel debe ser excluido como sucedió con África del Sur



“Nuestro deber es decir lo que consideramos justo”


¿Por qué existe esa especie de conspiración del silencio alrededor de Israel Shamir?

¿Será porque sus ideas serían escandalosas? ¿O porque sus denuncias dan en el blanco? Israel Shamir es una voz entre otras. ¿Hay que censurarla?

Estas preguntas me llevaron a encontrarlo. Y a decirme que dar la palabra a un israelí que se bate, con sus ideas y su sensibilidad, en defensa de los palestinos, no significa que me adhiera necesariamente a todo lo que piensa.

De origen ruso, de nacionalidad israelí, Israel Shamir vive en Jaffa, en Israel. Acusado de antisemitismo, por aquellos que denuncia, no se deja intimidar. Sus ideas lanzan una luz relampagueante sobre el sistema racista de apartheid y de dominación que Israel ha puesto en lugar. Pero también sobre los peligros que corre el mundo si no se rebela contra esos agentes pro-israelíes que, en todo el mundo, apoyan lo indefendible y que no hacen otra cosa que exacerbar los conflictos.

Silvia: Señor Shamir, le agradezco que haya aceptado esta entrevista. Los unos lo aman, los otros lo detestan. Es un hecho que sus opiniones repugnan a más de uno. Y no solamente en Israel. ¿No le preocupa que sea así?

Shamir: Estamos en guerra. Estamos al principio de la tercera guerra mundial. No es hora de hacer discursos simpáticos. Lo que digo hay que decirlo. Sería extraño si contara historia edulcoradas, mientras la guerra hace estragos, en Palestina y en Irak. Lo que me preocupa es lo que amenaza con producirse contra Irán y Siria.

Silvia: ¿Piensa que no basta con Irak? ¿Qué Estados Unidos no se va a detener allí?

Shamir: Creo que quieren ir más lejos. Ni la pérdida de algunos helicópteros, ni la muerte de soldados, los va a detener. Los boys que han enviado a combatir allá, vienen de los medios desfavorecidos. Mientras no haya ni judíos ni hijos de las familias privilegiadas que se hagan matar, no se sentirán afectados.

Silvia: ¿Qué parte juega Israel en esta voluntad de dominación?

Shamir: El que dirige no es Israel. Son los dirigentes judíos estadounidenses y todos los que, en Estados Unidos, adhieren a sus ideas. Ellos están al origen de las inmensas desgracias que vemos en nuestros días.

Silvia: ¿Quiere decir que quieren crear conflictos por todas partes?

Shamir: Sí, por todas partes. Vemos que mienten permanentemente. Debemos recordar siempre que esa gente jamás dice la verdad.

Silvia: ¿Qué interés tienen en desencadenar una tercera guerra mundial? ¿ Cuál es el objetivo final? ¿Quién se beneficiaría con esa guerra?

Shamir: La tercera guerra mundial apunta a establecer un gran imperio judeo- estadounidense, para subyugar el mundo, para matar el espíritu, completar el desarraigo del ser humano, tal como dijera Simone Weil.

Silvia: Usted lucha contra la ocupación israelí y apoya la creación de un solo Estado en Palestina/Israel. Hay otros que también lo hacen. ¿En qué se distingue lo que usted dice de lo que afirman otros?

Shamir: No basta con decir que se está contra la ocupación. Ese eslogan no es apropiado. Sharon también pretende que está contra la ocupación. El fin de la ocupación no resolverá los problemas. Lo que hay que obtener es el desmantelamiento del apartheid, nada menos. Si se quiere terminar con el apartheid, que discrimina a los no-judíos, la solución debe pasar por un estado único que garantice derechos iguales a todas las comunidades. Por lo tanto yo apoyo la idea de un Estado para todos los palestinos, nativos y adoptivos.

Silvia: ¿Qué pasa con las líneas de fractura en la sociedad israelí?

Shamir: Consisten de numerosas pequeñas comunidades, pero el cisma es importante: se sitúa entre los "israelíes" - que son colonos de antes de 1950 y sus descendientes - y el resto. Los "israelíes" son la minoría dirigente.

Silvia: ¿Hay que apoyar de manera más activa desde el exterior a los israelíes que luchan contra la política de opresión de su gobierno?

Shamir: Aquí se trata de una batalla muy importante. Pero la batalla jamás podrá ser ganada aquí mientras ustedes no la hayan ganado en su país. Es más importante que, afuera, la gente se comprometa en la lucha contra los pro-israelíes que, en sus respectivos países, apoyan y protegen a Israel. Es en EE.UU., pero también en Francia, en Alemania, en Italia, para no citar más que esos países, donde lo que está en juego es más sustancial. Por lo tanto hay que luchar y combatir en esos países contra esos agentes pro-israelíes, con todas las fuerzas disponibles.

Silvia: En el mundo de hoy, en el que EE.UU. dicta el tono, ¿qué probabilidad puede haber de que sus dirigentes cambien de actitud, cesen de apoyar ciegamente a Israel?

Shamir: Una probabilidad muy ligera. Los candidatos a las elecciones compiten por demostrar su amor y su lealtad a los judíos. Las cosas podrían cambiar - pero no fácilmente - cuando Estados Unidos esté aislado, cuando el dólar se derrumbe, cuando Europa encuentre aliados en el Este más bien que en el Oeste, porque el espíritu se despertará, entonces sí. Eso puede cambiar mañana. Pero jamás habrá algún cambio como resultado de la feria de las elecciones en EE.UU. Las decisiones deben ser tomadas por Francia, Alemania, Rusia, el mundo del Islam, China.

Silvia: ¿Qué aportan como contribución el campo de la paz, los acuerdos de Ginebra, la declaración de Jerusalén?

Shamir: Lo que hace la gente que lucha aquí en Israel es poco, está lejos de ser suficiente. No basta con combatir la ocupación. El estado de apartheid de Israel debe ser excluido como sucedió con África del Sur. Si mañana Israel proclama el fin de la ocupación en Palestina, un Estado independiente con pequeños enclaves, eso no arreglará nada. El problema es el apartheid. En cuanto a los acuerdos de Ginebra, ha habido otros. Esos acuerdos no sirven para nada. La declaración de Jerusalén no sirve para nada. Todas esas iniciativas no quieren decir nada. No conducen a ningún resultado.

Silvia: 350.000 israelíes han firmado el texto que niega un Estado a los palestinos. ¿Tiene algún significado?

Shamir: No quiere decir nada. La idea de un Estado palestino no es una buena idea. No me interesa saber cuántos están en contra.

Silvia: ¿Cómo son recibidas sus opiniones en Israel?

Shamir: No me publican en la prensa israelí, en hebreo. Pero siguen publicándome en los medios locales de idioma ruso.

Silvia: ¿Está en una lista negra?

Shamir: Sí, desde 1993. Por haber llamado al retorno de los refugiados palestinos.

Silvia: "¿Actúa usted en el marco de un movimiento?

Shamir: Trato de favorecer un lugar de encuentro entre los extremos.

Silvia: ¿Tal vez sea toda su ambigüedad?

Shamir: Probablemente. Pero la unión de todas las fuerzas es una necesidad absoluta. Según la dialéctica de Hegel las ideas extremas se pueden encontrar en ciertos puntos.

Silvia: Judío emigrado a Israel desde hace más de cuarenta años, ¿se siente israelí?

Shamir: Ese tipo de sentimiento no existe aquí. Israel no es un país homogéneo. Hay varias comunidades que tienen sus propias ideas. Yo no sé a qué comunidad pertenezco. Pero si tengo que responder a su pregunta, diría que me siento parte de la comunidad rusa, que aquí constituye una comunidad de un millón de personas.

Silvia: He constatado que los soldados de origen ruso que Israel envía a hacer estragos en Palestina, actúan a menudo con especial crueldad.

Shamir: No son más crueles que los otros. A veces sí.

Silvia: ¿Le sorprende el silencio de los israelíes en general, en cuanto a los abusos de sus soldados en Palestina?

Shamir: Hay que saber que la sociedad israelí tiene bases falsas. Esta actitud negativa continuará hasta el día en el que los israelíes terminen por comprender que la única puerta de salida es el fin del apartheid, es aceptar la vida sobre esta tierra de manera igualitaria. Esta ausencia de consideración humana en Israel, frente a tanta injusticia contra los palestinos, es posible porque en el espíritu de la gente aquí existe esta idea tan profundamente grabada, de que hay diferencias tan grandes entre judíos y no-judíos como entre los seres humanos y los animales.

Silvia: Usted acaba de mencionar un punto crucial. Sus editores en Francia han sido objeto de amenazas de parte de la LICRA [Liga Internacional contra el Racismo y el Antisemitismo] que lo acusan de antisemitismo. ¿Teme que pronto nadie quiera publicar sus escritos, si persiste en decir lo que dice?

Shamir: En efecto, 3.000 ejemplares de mi libro " L'autre visage d'Israël" [La otra cara de Israel] han sido quemados.

Aquellos que tratan de hacer callar mediante el anatema y la intimidación a los que en todo el mundo comparten mis ideas, demuestran claramente que esas ideas han dado en el clavo, que han puesto el acento sobre puntos en los que esas "fuerzas" saben que son vulnerables. Y subrayo que Norman Finkelstein había sido, antes que yo, objeto de las mismas maniobras de intimidación; lo que no quita que su libro "La industria del Holocausto" no ha sido refutado, y que mientras más lo han denigrado nuestros enemigos, más lo leen.

Silvia: En ese contexto apasionado, ¿no hay otra manera de decir las cosas?

Shamir: No toleran ninguna crítica. Desde su punto de vista hay una manera "aceptable" de hablar de Israel. Si uno dice que en Israel hay algunos problemas, pero que aparte de esos problemitas, como la ocupación, las cosas no van tan mal, no habrá enojos. Por lo tanto antes que nada que los judíos son "wonderful" [maravillosos]. Yo digo no y no. Yo no me rindo ante esa manera de decir las cosas. Por eso quieren hacerme callar. Digo que los judíos no son para nada "wonderful". No hablo de los judíos en su calidad de seres humanos. Hablo de las ideas que llevan consigo; del paradigma judío, que a mi juicio es totalmente nefasto. Mas, si Israel es una especie de punto focal de ese paradigma, nos vemos ante un fenómeno que es bastante más vasto. De un fenómeno que no se limita al tema palestino. Me refiero a un todo, que no está localizado en Yenín o en Nablus. Se trata de algo que hay que tomar en cuenta tanto en París como en Ginebra. Cuando, donde ustedes en Europa, ustedes llaman la atención sobre personajes como Alain Finkielkraut, tienen razón. Ese tipo de personaje es, por sus posiciones, parte participante en la opresión israelí. Mientras la gente no haya comprendido que esas personas - que tienen constantemente acceso a los medios y agitan a la opinión alrededor del antisemitismo - forman parte de un todo, que forman parte de toda una maquinaria contra la que hay que combatir absolutamente - una maquinaria a la que a nadie se le permite que la vea por lo que es - no estará en condiciones de luchar con buen conocimiento de causa.

Silvia: ¿Qué le ha motivado para una confrontación semejante?

Shamir: Originalmente yo era judío. He formalizado mi conversión al cristianismo hace poco más de un año. Pero no se trata de lo que uno es al nacer. Es algo que es más profundo que la ideología. El ser humano está profundamente enraizado en el tema teológico. Siempre hay una profunda implicación teológica en el fundamento de toda cultura. A menos se cree que esos problemas pueden ser dejados de lado. Pero las cosas profundamente arraigadas terminan, tarde o temprano, por volver a la superficie. Esas creencias forman parte de una lucha eterna. Pero en la actualidad se han vuelto más fuertes que cualquiera otra cosa. Es lo que ustedes viven en Francia y en todos los otros sitios donde se imponen las ideas judías. Y nosotros también lo vivimos aquí. Aquí ponemos el dedo sobre ciertos aspectos que deben ser relacionados. Los judíos tienen creencias equivocadas. Como esa idea de que un no- judío no debe ser tratado como tu propio vecino. Esa idea ha terminado por imponerse en la forma de conducir las relaciones en la sociedad en general. También, una parte importante de ese paradigma judío consiste en que se deje entender que hay que combatir a todas las otras religiones. He oído que en Irak los estadounidenses van a publicar nuevos textos escolares, en los que eliminarán todas las referencias al Corán.

Silvia: ¿Quiere decir que los consejeros pro-israelíes de Bush tienen que ver con esa decisión?

Shamir: Esa idea proviene de los judíos. No se trata de haber nacido con ciertos genes o cromosomas, no. Se trata de una ideología a la que se adhiere o no. Los que han apoyado la guerra contra Irak son discípulos de L. Strauss, de la universidad de Chicago. L. Strauss es un pensador judío muy influyente que ha hecho escuela en esos medios neoliberales. Ha difundido la idea de que es necesario combatir al Islam y a la cristiandad. Por eso, en su espíritu, se trata de cierto modo de una guerra de religión. Ellos, ahora, creen que pueden vencer a todo el mundo. Ese paradigma judío es suicida. Y la sociedad que se basa en él terminará por derrumbarse. Hablamos, por lo tanto, de un vasto derrumbe, el de toda la civilización. Lo que se pasa en Palestina es una especie de proyecto piloto del nuevo orden que se está estableciendo. Por eso es muy importante que sea combatido en todas partes. Lo que los ocupantes hacen en Palestina y en Irak está intrínsicamente vinculado a lo que se trama en Francia, en EE.UU., en todos los países. Es imposible vencer a esas "fuerzas" localmente. Los palestinos no pueden ganar solos. No podrán ganar aquí mientras nosotros no venzamos afuera, donde ustedes. Cuando el señor Prodi le pide disculpas a Israel en nombre de los que han calificado al Estado hebreo de amenaza, hay que combatirlo, igual que a Alain Finkielkraut, al que dicho de pasada sólo conozco por sus escritos.

Silvia: ¿Los defensores de Israel tienen por lo tanto sumo interés en aumentar la tensión entre las comunidades?

Shamir: Sí. Por eso, mientras más tiempo pasa, más se muestran agresivos. La idea es provocar reacciones. Impulsan a sus adversarios a rebelarse y luego tienen buenos argumentos para contraatacar, para confundirlos, para difamarlos. Su estrategia es mantener la tensión política. La estrategia de Israel no es diferente de la que practican sus aliados en el exterior, en Francia, en EE.UU., o en Suiza. Cuando el adversario está demasiado tranquilo, Israel envía sus aviones a bombardear Siria. Israel quiere siempre más. Por eso se arriesgaría a enviar, uno de estos días, sus aviones a bombardear Gaza o Irán. Y cuando provoque una reacción, tendrá buenos pretextos para responder de manera masiva y extender el conflicto. Y así proceden regularmente sus aliados pro-israelíes en París, en Nueva York, por todas partes.

Silvia: ¿Pero no tienen dificultades cuando sale a la luz la verdad?

Shamir: Los que tienen dificultades somos nosotros, no ellos.

Silvia: ¿Pero no comienza la gente a ver claro?

Shamir: Ustedes comienzan a ver las cosas como son. Pero no la gente en general. Hay una gran lucha que debe ser librada por todas partes. Esa lucha debe ser ganada. Si no sucede todo el mundo conocerá el infierno. No sólo los que viven sobre este trozo de tierra, sino la tierra entera.

Silvia: ¿Una lucha dirigida exactamente contra qué?

Shamir: La mayor fuente de desgracias que conocemos se sitúa en Estados Unidos. Por lo tanto hay que combatir a todos los que en sus países representan o defienden a esos judíos estadounidenses que nos van a conducir al infierno. Si se les llama por lo que son, se les debilita. Es necesario que Francia, Suiza, Europa, corten el cordón, se desconecten por completo de Estados Unidos. Es el objetivo que hay que lograr. Hay que comprender que Estados Unidos, bajo el impulso de los judíos estadounidenses, ha decidido comenzar la tercera guerra mundial. Basta con constatar con qué insistencia, en este momento, los artesanos de esta maquinación están haciendo presión contra Irán. Para combatir esta guerra judeo-estadounidense, hay que lograr que países como Francia se desliguen de esas fuerzas.

Silvia: ¿Francia ya se ha distanciado bastante, no? ¿Qué más se puede hacer?

Shamir: No basta. Un primer objetivo sería que en Francia, en Europa, se levanten voces fuertes para hacer cesar esos ataques mentirosos destinados a prepararnos para una guerra contra Irán. Si quieren hacer inspecciones nucleares, Israel debe ser el primer país a visitar. Los europeos deben negarse a toda discusión sobre las inspecciones en Irán mientras no se haya obtenido que Israel haga lo mismo. Hay que comprometerse a proteger a Irán, a proteger a Siria y a desligarse totalmente de Estados Unidos, para aislarlo.

El segundo objetivo es combatir esa presencia dominante en los medios. Los que denuncian las maniobras y las mentiras de los agentes pro-israelíes tienen toda la razón. Es importante demostrarles que hay por aquí y por allá, actualmente, gente capaz de ver, de identificar en los órganos de prensa o en los partidos políticos dónde se disimulan los agentes que apoyan el campo del enemigo. Los que se presentan para decir que es un debate falso, que hay que ignorarlos, que no son interesantes, tratan en realidad de protegerlos. Son aliados de los agentes del enemigo y, por eso, deben ser apartados.

Silvia: ¿Lo que usted está afirmando le va a costar aún más ataques y enemigos?

Shamir: Cuando usted responde a las afirmaciones mentirosas de Alain Finkielkraut, Bernard-Henri Levy, André Glucksmann y bastantes otros, está bien, tiene toda la razón. Las ideas esparcidas por ese tipo de personajes deben ser combatidas, deben encontrarse en el centro de la lucha. Aquí, se trata de la guerra de las piedras contra las balas reales. En Europa, lo que hay que librar es la guerra de las ideas. La guerra de las ideas es igual de importante que la guerra de las piedras.

Silvia: ¿Hay muchos en Israel que ven las cosas de la misma manera?

Shamir: No lo sé. No me basaría en eso. El enfoque de los judíos es que se consideran una fuerza benéfica. Pero, pienso que, no son en nada benéficos. Al contrario, son fuerzas peligrosas. Cuando digo "fuerzas" no hablo de toda la población. Hay una diferencia entre la gente y los proyectos de los que tienen el comando general. Se trata de la voluntad de una alta entidad que puede expresar de muchas maneras.

Silvia: ¿Parece hablar de fuerzas aterradoras?

Shamir: Sí, tiene razón, son aterradoras. Pero, habiéndolo dicho, es posible vencerlas. Desde el momento en que se reconoce la fuerza del adversario, es posible vencerlo. Si ustedes ganan en Europa, podemos ganar aquí.

Silvia: ¿Tiene miedo?

Shamir: No le tengo miedo a nada, (se ríe). ¿Por qué iba a tener miedo? Nuestro deber es decir lo que uno considera justo.

Silvia: Sigue existiendo la idea de que para todos aquellos interesados en apoyar a los belicistas israelíes o estadounidenses, usted es el hombre a abatir.

Shamir: Usted ha podido constatar que soy una persona dulce y serena.



¿Quién es Israel Shamir?


Ruso e israelí, escritor, traductor, periodista, Israel Shamir nació en Novosibirsk, Siberia, es nieto de un profesor de matemáticas, y biznieto de un rabino de Tiberiada, Palestina. Estudió en la prestigiosa escuela de la Academia de ciencias y cursó estudios de matemáticas y leyes en la universidad de Novosibirsk. En 1969, se mudó a Israel, sirvió en el ejército y peleó en la guerra de 1973. Después, volvió a las leyes en la universidad de Jerusalén, pero decidió ser periodista y escritor.
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