"Ahora la atenci贸n de la comunidad mundial se centra en Ir谩n. Sin duda alguna, Rusia est谩 preocupada por la creciente amenaza de un ataque contra este pa铆s. Si pasa esto, las consecuencias ser谩n catastr贸ficas. Es imposible imaginar su escala real. Estoy convencido de que hay que resolver este problema pac铆ficamente. Proponemos reconocer el derecho de Ir谩n a desarrollar un programa nuclear civil y tambi茅n al enriquecimiento de uranio. Pero a cambio pedimos que el programa est茅 estrechamente controlado por el OIEA",
Pero vamos a basarnos en nuestros propios intereses y objetivos y no en las decisiones dictadas por terceros. Rusia es respetada y tomada en consideraci贸n solo cuando es fuerte y se mantiene firme sobre sus pies. Rusia casi siempre ha gozado del privilegio de desarrollar una pol铆tica exterior independiente. Y as铆 seguiremos. M谩s a煤n, estoy convencido de que la seguridad mundial podr谩 garantizarse solo con la ayuda de Rusia y no por medio de intentos de debilitar sus posiciones geopol铆ticas y perjudicar sus defensas.
Los objetivos de nuestra pol铆tica exterior tienen un car谩cter estrat茅gico, no coyuntural, y reflejan el lugar 煤nico de Rusia en el mapa pol铆tico mundial, su papel en la historia y el desarrollo de la civilizaci贸n.
Una sucesi贸n de conflictos armados justificados por fines humanitarios est谩 socavando el principio de soberan铆a estatal consagrado por siglos. De este modo, en las relaciones internacionales aparece un nuevo hueco, esta vez moral y legal.
A menudo se escucha que los derechos humanos est谩n por encima de la soberan铆a estatal. Sin duda es as铆 y los cr铆menes contra la humanidad tienen que ser castigados por la Corte Penal Internacional. Sin embargo, cuando en base a este dogma se viola la soberan铆a y los derechos humanos se defienden desde fuera y de una manera selectiva, y en el proceso de esa ‘defensa’ se pisotean los mismos derechos de un mont贸n de gente, entre ellos, el derecho m谩s b谩sico y sagrado, el derecho a la vida, no se trata de una cuesti贸n noble, sino de una demagogia elemental.
Hace un a帽o el mundo se enfrent贸 a un fen贸meno nuevo, una serie de manifestaciones casi simult谩neas contra reg铆menes autoritarios en varios pa铆ses 谩rabes. Al principio, ‘la primavera 谩rabe’ se percib铆a como una esperanza de introducci贸n de cambios positivos. Las simpat铆as de los rusos estaban con los que trataban de lograr reformas democr谩ticas.
No obstante, muy pronto qued贸 claro que en muchos pa铆ses el proceso no se desarrollaba seg煤n un gui贸n civilizado. En lugar de fomentar la democracia y defender los derechos de las minor铆as, se procedi贸 a la expulsi贸n del adversario y el dominio de una fuerza fue sustituido por un dominio todav铆a m谩s agresivo por parte de otra.
La situaci贸n tom贸 un matiz m谩s negativo cuando se produjo una intervenci贸n exterior para apoyar a un bando de uno de estos conflictos interiores, sobre todo por culpa del car谩cter violento de esta intervenci贸n. Tanto fue as铆 que algunos estados, con el pretexto de unas supuestas motivaciones humanitarias, acabaron con el r茅gimen libio con la ayuda de la aviaci贸n militar. La culminaci贸n del proceso se materializ贸 en las asquerosas im谩genes del linchamiento no ya medieval, sino m谩s bien prehist贸rico, de Muammar Gaddafi.
Respecto a esto y considerando la dura reacci贸n, al borde de la histeria, ante veto ruso-chino, quisiera advertir a nuestros colegas occidentales contra la tentaci贸n de usar un esquema ya probado anteriormente: si hay una aprobaci贸n del Consejo de Seguridad para una u otra acci贸n, todo bien; si no la hay, creamos una coalici贸n de los estados interesados. Y atacamos.
La l贸gica de este comportamiento es contraproducente y muy peligrosa. No llevar谩 a nada bueno. En cualquier caso, no contribuye a resolver la situaci贸n dentro del pa铆s que padece el conflicto. Pero lo peor es que causa la p茅rdida del equilibrio en todo el sistema de seguridad internacional, socavando la autoridad y el papel central de la ONU. Voy a recordar que el derecho a veto no es un capricho, sino una parte integral del orden mundial fijada en el reglamento de la ONU, por cierto, por la insistencia de EE. UU. La idea de este derecho es que si hay por lo menos un miembro permanente del Consejo que se opone a la decisi贸n, esta decisi贸n no puede ser eficaz.
Y un aspecto m谩s. Resulta que en los pa铆ses que superaron ‘la primavera 谩rabe’, como anteriormente en Irak, las empresas rusas pierden sus posiciones en los mercados locales en los que las hab铆an conseguido tras d茅cadas de intenso trabajo y tambi茅n pierden contratos comerciales importantes. Y los nichos que se liberan los ocupan operadores econ贸micos de los mismos estados que provocaron el cambio de r茅gimen.
Se podr铆a pensar que los acontecimientos tr谩gicos en cierto grado no fueron provocados por la preocupaci贸n sobre los derechos humanos, sino por el deseo de algunos de repartir el mercado. De cualquier modo, nosotros no podemos mirar todo esto con serenidad divina. Vamos a trabajar activamente con los nuevos gobiernos de los pa铆ses 谩rabes para recuperar nuestras posiciones econ贸micas pronto.
En general, lo sucedido en el mundo 谩rabe es muy instructivo. Los sucesos muestran que el deseo de introducir la democracia por la fuerza puede llevar a un resultado totalmente contrario y a menudo eso es lo que pasa. Algunas fuerzas se levantan desde abajo, entre otras, los extremistas religiosos, que intentan cambiar el rumbo del desarrollo de los pa铆ses, el car谩cter laico de su administraci贸n.
Cada vez se hace m谩s referencias al concepto de ‘fuerza suave’, es decir, una serie de herramientas y m茅todos para conseguir objetivos exteriores sin hacer uso de las armas, pero gracias a diversas formas de influencia. Por desgracia, estos m茅todos se utilizan a menudo para generar y provocar extremismo, separatismo, nacionalismo, para la manipulaci贸n de la opini贸n p煤blica o para la injerencia directa en la pol铆tica nacional de pa铆ses soberanos.
Debemos ver claramente la diferencia entre la libertad de expresi贸n y la actividad pol铆tica normal, por un lado, y los instrumentos ilegales de ‘fuerza suave’, por otro lado. No podemos hacer nada m谩s que aplaudir el trabajo civilizado de las ONG humanitarias y ben茅ficas. Incluidas las que critican a las autoridades. Pero es inadmisible la actividad de las pseudo-ONG y otras organizaciones que buscan desestabilizar la situaci贸n en alg煤n pa铆s gracias al apoyo exterior.
Estoy hablando de esos casos en los que la actividad de las organizaciones no gubernamentales no se fundamente en los intereses (y recursos) de determinados grupos sociales, sino que es financiada y patrocinada por fuerzas exteriores. Actualmente existen muchos ‘agentes de influencia’ de grandes pa铆ses, bloques o corporaciones. Cuando act煤an de manera abierta es una de las formas de lobby civilizado. Rusia tambi茅n cuenta con tales instituciones: Rossotr煤dnichestvo, el fondo El Mundo Ruso, nuestras principales universidades que ampl铆an la b煤squeda de j贸venes talentosos en el extranjero.
Pero Rusia no utiliza las ONG nacionales de otros pa铆ses, no financia a estas ONG y organizaciones pol铆ticas extranjeras para promover nuestros intereses. Tampoco lo hacen China, India o Brasil. Creemos que la influencia en la pol铆tica interior y las tendencias sociales de otros pa铆ses debe realizarse solo de manera transparente, entonces los actores ser谩n responsables de sus acciones.
Mi idea principal es que una China pr贸spera y estable le conviene a Rusia y, a su vez, China, seguro, necesita una Rusia fuerte y exitosa.
La India es otro gigante asi谩tico que crece muy r谩pido. Rusia est谩 relacionada con ella con nexos tradicionalmente amistosos cuyo contenido est谩 determinado por la administraci贸n de ambos pa铆ses como una cooperaci贸n estrat茅gica privilegiada. Su fortalecimiento favorecer谩 no s贸lo a nuestros pa铆ses, sino a todo un sistema polic茅ntrico que se est谩 formando en el mundo.
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