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miércoles, 9 de noviembre de 2005

Panimperialismo totalitario: la revolución parece imposible

El nuevo orden mundial y la seguridad demográfica



La ambición de controlar la vida humana desde la concepción a la muerte es la máxima expresión del imperialismo integral.

Como vamos a ver, este imperialismo es metapolítico, ya que procede de una concepción particular del hombre. Las expresiones políticas y no políticas de este imperialismo no son más que las consecuencias perceptibles de esta antropología. Esto nos va a llevar a aclarar la dimensión totalitaria de este imperialismo, cuyos efectos todavía no se han mostrado en su totalidad.

Para analizar la génesis de este imperialismo que está naciendo ante nuestros ojos, vamos a partir de la ideología de la seguridad nacional.

Hacia la globalización

Desde el final de la guerra de 1939-1945, la diplomacia norteamericana ha estado grandemente dominada por el tema de los "dos bloques". Con ciertas variaciones de acento, este tema fundamental aparece bajo las etiquetas de guerra fría, enfrentamiento Este-Oeste, zona de influencia, coexistencia pacífica, deshielo, distensión, etc. Mas, con motivo de la crisis petrolífera de 1973, algunos círculos norteamericanos empiezan a percibir la importancia de otra división, la división Norte-Sur. El congreso de Bandung, en 1955, presentaba ya el aspecto de un manifiesto y, poco a poco, los CNUCED y las conferencias en la cumbre de países no alienados se imponen a la atención de los países industrializados: desde Ginebra (1964) a Belgrado (1989), se ha recorrido un camino apreciable. Durante todo este tiempo, el diálogo Norte-Sur se organiza y se institucionaliza; los países del Tercer mundo reivindican un Nuevo orden internacional.

En una obra publicada en 1970, Zbigniev Brzezinski había ya atraído la atención sobre el tema(1).La crisis petrolífera de 1973 juega el papel de un catalizador.

Si los países productores de petróleo pueden organizarse y amenazar las bases de la economía de los países industrializados, ¿qué ocurrirá si los países pobres productores de materias primas deciden ponerse de acuerdo e imponer sus condiciones a los países ricos?

Para conjurar el peligro, David Rockefeller, utilizando por cierto las tesis de Brzezinski, transpone a la división Norte-Sur las recomendaciones que su hermano había aplicado antes a la división Este-Oeste. Y lo que es más importante, generaliza además, al conjunto del mundo, una visión cuyo alcance, en 1969, estaba limitado, provisionalmente, al continente americano.

Desde esta perspectiva, David Rockefeller, respondiendo a una sugerencia explícita de Brzezinski, organiza la "Comisión Trilateral": los EE.UU., Europa occidental y el Japón deben ponerse de acuerdo frente al Tercer mundo, que parece querer organizarse y del que dependen los países industrializados para importar materias primas y energía, y para dar salida a sus productos (2).Y el Tercer mundo está en plena expansión demográfica.

La amenaza que pesa sobre la seguridad de los países ricos proviene, según ellos, de los países pobres. Las economías dependen ahora unas de otras, los pases ricos no deben devorarse entre sí, deben al contrario respaldarse; deben preservar e incluso acentuar sus privilegios.

Las empresas multinacionales aparecen aquí como un mecanismo esencial del sistema global de la dominación; llevan a cabo una industrialización que al mismo tiempo se encargan de limitar. Gracias a los centros de decisión e la metrópolis, hacen posible el control de los costos de mano de obra. Mantienen un chantaje basado en la amenaza del traslado de fábricas, en caso de que consideren exorbitantes las reivindicaciones de los trabajadores locales. Organizan la competencia y, al mismo tiempo, la controlan, ya que las relaciones de competencia quedan limitadas al mundo de los trabajadores, entre los que las desigualdades de retribución constituyen, a nivel mundial, un factor de división que hay que alimentar para seguir dominando. En suma, las multinacionales velan sobre sus mercados, protegen, en caso necesario, sus oligopolios, y vigilan y, en ocasiones, frenan el desarrollo económico de las naciones satélites.

Por su parte, la investigación científica deberá intensificarse y concertarse para garantizar el mantenimiento de un avance constante y decisivo con respecto a los países menos desarrollados. La alta tecnología será exportada con gran parsimonia, para que los países más avanzados en el camino del desarrollo no puedan competir con la producción sofisticada cuyo monopolio quieren conservar celosamente los países de la era postindustrial.

¡Multimillonarios de todos los países, uníos!



Se trata de construir un nuevo orden mundial, de tipo corporativista, lo que se ha hecho urgente -se asegura- en razón de la interdependencia de las naciones. Pero lo que sucedía ya a escala panamericana, se produce ahora a escala mundial: se pasa rápidamente de la interdependencia a la dependencia. Todos los países, en efecto, no presentan un mismo nivel de desarrollo; en razón de su presencia y compromisos en todo el mundo, los EE.UU. se consideran con derecho a arrogarse una misión de liderazgo mundial. A esta misión deben asociarse las naciones ricas y la clases ricas del mundo entero; la seguridad, su propia seguridad, debe constituir la preocupación común y predominante de los ricos. Esta preocupación justifica, por su parte, la constitución de un frente común mundial, una unión sagrada, si quieren conservar sus privilegios. Con respecto a este imperativo de seguridad común, todos los factores de divergencia entre ricos no tienen sino una importancia relativa o incluso secundaria.

Este frente común mundial sólo podrá articularse a partir de los EE.UU. y bajo su liderazgo. En razón de su desarrollo y de su riqueza, Europa occidental y Japón serán asociados, a título de aliados privilegiados, a la empresa de seguridad común. Todo ese bloque constituido por las naciones ricas deberá esforzarse en controlar el desarrollo en el mundo en general. La austeridad ha dejado de ser una virtud: es un deber. Frenar el crecimiento, frenar la capacidad de producción y practicar el maltusianismo económico se imponen tanto más -se nos dice- cuanto que hay que proteger el entorno amenazado por la contaminación. Y así, la justificación teórica del "crecimiento cero" vio la luz en 1972 en el Informe Meadows, y ha sido difundida por el Club de Roma, empresas ambas generosamente financiadas por el grupo Rockefeller(3).

Los países comunistas tampoco deberían quedar al margen de este proyecto de seguridad global. China merece una atención excepcional. Está probado -como ya hemos visto (4)- que la despiadada política demográfica llevada a cabo en China popular ha sido apoyada e incluso estimulada por algunos círculos norteamericanos y occidentales inquietos por la aparición de un nuevo "peligro amarillo".

Los países del Tercer mundo deberán, pues, aceptar un programa "global". Como los países ricos necesitan sus recursos, estos países en vías de desarrollo no podrán sentirse irritados o escandalizados por el mantenimiento de antiguos métodos de explotación. Tendrán que admitir que su desarrollo habrá de hacerse bajo control; llegado el caso, podrá alabarse la virtud del compañerismo" podrán, por ejemplo, transferirse a su territorio algunas industrias contaminantes, declaradas indeseables en los países desarrollados. En cualquier caso, habrá que impedir que se organicen para esquivar la vigilancia de las naciones poderosas.

De todas maneras, al igual que existen límites para el crecimiento económico, también los hay para el crecimiento político. Así lo subrayaba Samuel P. Huntington en un Informe para la Comisión trilateral sobre la gobernabilidad de las democracias: "Hemos tenido que reconocer que existen límites potencialmente deseables para el crecimiento económico. E igualmente, en política, existen unos límites potencialmente deseables para la extensión de la democracia política."(5)

Estamos, pues, ante una formulación de alcance mundial del antiguo mesianismo norteamericano. Pero es indispensable señalar lo que esta formulación tiene de esencialmente nuevo y original: este mesianismo pretende, en efecto, atraerse el concurso no sólo de las naciones más ricas, sino también de las clases ricas de las sociedades pobres.

Se pone de relieve, ante los ricos del mundo entero, que los pobres constituyen una amenaza potencial o incluso actual para su seguridad.

De lo que se trata, en primer lugar es, desde luego, de proteger la seguridad de los EE.UU. o, más exactamente, de los ricos de los EE.UU.; pero también de la seguridad de los ricos de todos los países, a quienes se invita a constituir, bajo la dirección de los Estados Unidos, una unión sagrada cuya razón de ser y objetivo es el contener el despegue de la población pobre: "¡Multimillonarios de todos los países, uníos!"

Así reinterpretada, la doctrina de la contención resurge como el Fénix renace de sus cenizas. Son las tesis principales de esta doctrina las que inspiran el proyecto universalista actual de los EE.UU.,Europa occidental y Japón están asociados de manera especial a este proyecto a título de cómplices y de objetivos al mismo tiempo.

Una élite dominante internacional



La preocupación por la seguridad debe ser global. La seguridad, cuyo ámbito se dividía en varias partes, se percibe a partir de ahora como un todo: la seguridad es primeramente demográfica.

Esta nueva doctrina exige la utilización de instrumentos de acción eficaces. Estos instrumentos son de orden político, educativo, científico, económico y tecnológico. La libertad de iniciativa de las universidades y centros de investigación será orientada o incluso anulada, y su función crítica será muy disminuida. Las subvenciones estarán subordinadas a la complacencia con la que dichos organismos acepten plegarse a unos programas de investigación definidos por la minoría dominante (6).

Esta minoría concederá una gran importancia al estudio de los problemas ecológicos, pues de ese modo será posible convencer a los países satélites para que se resignen a la austeridad o a la pobreza: "Small is beautiful" (7). Esta misma minoría financiará las investigaciones sobre la reproducción, la fecundidad y la demografía, con el fin de desactivar la llamada "bomba P". Las universidades, convertidas en "repetidores", junto con los medios de comunicación, se encargarán de difundir por todo el mundo, dramatizándolas, las tesis maltusianas, tras las que se ocultan los intereses de las clases ricas (8). El programa de acción será conciso. Se pondrá de relieve la escasez de materias primas y la fragilidad del medio ambiente. Estos datos serán presentados como necesidades determinadas por la naturaleza, y el volumen de la población habrá de calcularse necesariamente de acuerdo con estos datos.

De esta forma se reúnen las condiciones fundamentales que caracterizan objetivamente a un régimen de tipo fascista. Para Juan Bosch, el "pentagonismo" era la explotación del pueblo norteamericano por una minoría norteamericana (9). En la actualidad, el pentagonismo se ha universalizado y la minoría dominante se ha internacionalizado.

Esta minoría estará constituida por "personas con recursos", que se sentirán halagadas al ser admitidas en grupos "informales", más o menos conocidos (como el grupo de Bilderberg, la Trilateral o el Club de Roma) u otros menos fácilmente identificables. Esta minoría se arrogará la misión de regentar el mundo y tendrá bajo control a todo un cuerpo internacional de intelectuales, ya sean cómplices o utilizados como instrumentos involuntarios, pero en todo caso poco clarividentes. No será necesaria la constitución de instituciones complejas, ni conseguir funciones representativas o cargos ejecutivos.

Una vez que haya adoptado la ideología de la seguridad demográfica, esta "élite" se apresurará a recurrir, con gran aplicación, a la táctica de la infiltración.

Un proyecto tan global y totalizador requiere necesariamente unos dispositivos jurídicos y políticos apropiados. En cuanto una "élite" acepta su propia "colonización ideológica", esta misma "élite" se separa del pueblo y pasa a ser capaz de todas las abdicaciones. A partir de entonces, puede ser utilizada como repetidor de un centro de poder de un tipo totalmente nuevo, que evocaremos para terminar.

Del Estado al Imperio totalitario



El imperio que está ahora construyéndose no tiene, en efecto, precedente alguno en la historia. El fascismo, el nazismo y el comunismo soviético son ejemplos perfectos de totalitarismos. En estos tres casos, el Estado transciende al ciudadano; es el enemigo del yo en todas sus dimensiones: física, psicológica y espiritual (10). Requiere de los individuos una sumisión perfecta y exige, si lo considera oportuno, que se le sacrifique la vida. Este Estado somete el matrimonio, la procreación, la familia y la educación a un control muy estricto.

Más concretamente, la familia queda sometida a una vigilancia particular, pues en ella es donde se forman las bases de la personalidad del niño. El Estado totalitario que conocemos en la historia actual se esfuerza, pues, en sustraer al niño de la influencia familiar y le proporciona una educación integral. Este Estado inhibe la capacidad personal de juicio y de decisión; instaura una policía de ideas; culpabiliza y adoctrina, desprograma y reprograma. Impone una nueva ideología, organiza el culto del jefe e instituye una nueva religión civil.

La experiencia totalitaria se origina dentro de un Estado particular que se convierte en trampolín de un proyecto imperialista. La misión este Estado particular será definida y `legitimada´ mediante la ideología totalitaria. El Estado particular no sólo es conocido, sino enaltecido. Y finalmente, una ideología supuestamente científica precipita en las tinieblas del oscurantismo a los que no se adhieran a la misma.

El proyecto imperialista y totalitario que está tomando cuerpo ante nuestros ojos incrédulos presenta unas características totalmente asombrosas si se le compara con las que marcaron los sueños imperiales de Mussolini, Stalin o Hitler. Este imperio naciente tiene de increíble que no procede esencialmente de las ambiciones de hegemonía de un Estado particular. Tampoco es la emanación de una coalición de Estados y, lo que es más, como ya hemos visto, le vienen muy bien las desigualdades, e incluso las divisiones entre naciones y hasta se ingenia en sacar partido de ellas. El imperio que está construyéndose es un imperio de clase que emana del consenso establecido, por encima de las fronteras, por la internacional de la riqueza.

Por tanto, en ausencia de un Estado de contornos visibles, en el marco de este imperialismo de clase, nadie sabe quién decide ni quién es responsable.

El lenguaje parece totalmente desconectado del sujeto que lo produce; todo es anónimo, impersonal y secreto. El productor del mensaje ideológico está oculto. No cabe, pues, someter el discurso al juicio personal: está listo para el consumo: frío, objetivo e imperativo.

Evidentemente, aún cuando estén ocultos, el discurso es producido por sujetos, y éstos lo producen con destino a otros sujetos llamados a consumirlo. Pero si el sujeto productor de la ideología rompiera el secreto que le ampara, no podría seguir reivindicando la impersonalidad y la objetividad puras. La dimensión subjetiva, utilitaria, interesada, hipotética de su discurso se pondría inmediatamente de manifiesto. El alcance supuestamente universal de su discurso, al igual que las pretensiones `científicas´ con que se reviste, aparecerían en seguida como lo que son: un engaño. El productor de ideología debe, pues, guardar el secreto: es omnipresente, pero inaprehensible.

De este modo, el secreto mismo introduce una falsedad en el núcleo del discurso. No existe diálogo entre personas que intercambian libremente sus juicios y sus proyectos con voluntad de claridad. Uno de los interlocutores quiere permanecer en la sombra y quiere que el destinatario de su discurso ignore su identidad y sus intenciones. Todo discurso está, pues, desde un principio, marcado por la voluntad de engaño de la persona que lo emite.

El lenguaje, que debería ser el prototipo de la mediación entre personas, se convierte en el medio por excelencia de la posesión de los demás. Como el sujeto productor de discursos no dice nunca quién es realmente, todo lo que dice está tachado de disimulo y engaño. Sus palabras se transforman en instrumentos de agresión contra la inteligencia y la voluntad de los destinatarios de las mismas. Este discurso violenta a las personas que lo reciben, reduciéndolas a la condición de receptáculos pasivos de una verdad venida de fuera, de depositarios de un saber alienado, alienante y hasta esotérico. De un saber supuestamente científico, cuya revelación ha sido hecha a sus iniciados, según éstos creen, gracias a su competencia, de un saber que les procura las bases del papel mesiánico que les corresponde para abrir por fin a la sociedad humana el camino de la felicidad...

¿Qué nuevos territorios quedan todavía por conquistar?



Las nuevas fronteras del imperialismo ya no son físicas; coinciden con las de la humanidad entera. No basta decir que hay que alienar al hombre, o que hay que poseerlo en todas las dimensiones de su yo. Lo que hay que hacer emerger es un hombre nuevo, completamente purgado de sus creencias pasadas, de su moral sexual, familiar, social, de su creencia en el valor personal de cada hombre y de su creencia en Dios, sobre todo en un Dios que se revela en la historia con el fin de asociar al hombre a su designio de creación, de salvación y de amor.

Nos encontramos así, en el nuevo imperialismo, ante la tercera característica del totalitarismo. El nuevo imperialismo, como vimos antes, no emana de un Estado particular, sino de la clase internacional de los ricos y pudientes. En cambio, como ya hemos dicho, este nuevo imperialismo está desprovisto de un "duce" o "jefe", pues los que lo fomentan cuidan de no dejarse ver. En cuanto al tercer punto, sin embargo, vamos a ver que la nueva clase imperial vuelve a las fuentes de la tradición totalitaria clásica: divulga una ideología donde se encuentra, según ella, el fundamento de su `legitimidad´.

La ideología de la seguridad demográfica.

La ideología en cuestión es la ideología de la seguridad demográfica (11). Según palabras de Marx, la ideología presenta siempre una imagen invertida de la realidad y procede siempre de una falsa conciencia. La ideología esconde siempre los intereses de sus autores. Los juicios que emite, y que constituyen la textura misma de la ideología, no pasan de ser hipotéticos. Y lo son incluso en dos sentidos: deben responder a una doble condición, que corresponde, a su vez, a la doble función que se espera de la ideología.

Debe, por un lado, disimular ante los ojos de los autores de la ideología las verdaderas razones de su propio discurso. La ideología está aquí al servicio de la mala fe del ideólogo. Concretamente, la ideología de la seguridad demográfica es una intelectualización que disimula, ante los ojos de la misma clase imperialista, las verdaderas razones que motivan su conducta e inspiran su discurso.

Por otro lado, esta ideología tiene por función el seducir a los que se invita -o fuerza- a adoptarla. Las mujeres que se hacen abortar y los pobres a los que se esteriliza son `programados´ para que hagan suyo el punto de vista que sobre ellos tienen los que desean su alienación.

De esta forma, la ideología de la seguridad demográfica significa el inicio de una doble perversión. Del lado de sus autores, engendra la doblez; son ellos las primeras víctimas de la racionalización que confeccionan. Y como le colocan a su construcción ideológica la etiqueta de la ciencia, se impiden el ir a buscar fuera de su propia construcción la luz que podría sacarles de la prisión espiritual que fabrican para otros, pero en la que ellos mismos se encierran. Del lado de los destinatarios, engendra el consentimiento a la propia sumisión y les confirma en su alienación.

Hasta el presente, nos encontramos ante la más peligrosa ideología imperialista totalitaria que ha conocido el mundo.

¿Una nueva humanidad?



Pero esto no es todo. La perversión esencial de esta ideología, de que son víctimas tanto sus autores como aquellos a los que va dirigida, es que procede por antífrasis: al mal le llama bien. Se niega la transgresión de la ley moral; la conciencia individual sólo puede referirse a sí misma o, más exactamente, a los intérpretes autorizados de la trascendencia social que le dicen lo que puede desear o debe querer.

Esta ideología sirve de fundamento a las instituciones políticas y jurídicas que le sirven .El derecho, por ejemplo, que debería, por definición, aplicar sus esfuerzos a la instauración de la justicia para todos, es objeto de una manipulación ideológica en provecho de la minoría dominante constituida por la internacional de la riqueza.

Mas si, como individuos, los miembros de la minoría dominante son generalmente inaprehensibles, no por ello es imposible hacerse una idea bastante clara sobre el espíritu que les anima. La identidad de esta nueva clase imperialista puede determinarse fácilmente remontando desde la ideología que produce y desde los destinatarios de la misma.

El discurso ideológico de la nueva clase imperialista tiene un contenido bastante burdo. Empieza afirmándose como principio el acontecimiento liberador de la muerte de Dios. Este principio es `liberador´ se nos dice, porque Dios impide la autonomía del hombre y su felicidad. Así pues, Dios debe morir, e incluso hay que ayudarle a morir, para que el hombre pueda vivir y tomar por fin su destino entre sus solas manos. Cumplida esta condición, la nueva humanidad puede nacer, y de este parto deben ocuparse los iniciados.

En este nacimiento, el papel de algunos médicos `ilustrados´ será determinante y, al mismo tiempo, contradictorio. A ellos corresponderá el denunciar las `creencias pasadas´, `precientíficas´, así como los `tabús´ que acompañan a dichas creencias. Son ellos quienes definirán esta tarea, pero su misión se fundará sobre la afirmación de esos mismos postulados (12). Necesitan una ideología para `legitimar´ su papel, pero son ellos los que definen el contenido de dicha ideología. Los tecnócratas médicos que regentan el nuevo imperio no se avergüenzan de semejante petición de principio. Pretenden que el objetivo que ha de procurarse a toda costa es la seguridad demográfica, pero es el imperativo de la seguridad demográfica el que se supone que funda la `legitimidad´ de la tecnocracia.

Con el apoyo valeroso de los demógrafos, los tecnócratas se disponen a asistir a la humanidad en el parto del `sentido´ de que su evolución es portadora. Están llamados a ejercer una nueva medicina: una medicina del cuerpo social más que del individuo (13). Una medicina que consiste en administrar la vida humana como se administra una materia prima; en constituir una nueva moral basada sobre el nuevo sentido de la vida; en penetrar en la política con el fin de engendrar una sociedad nueva; en derruir la concepción tradicional de la familia disociando, con una eficacia total, la dimensión amorosa y la dimensión procreadora de la sexualidad humana; en transferir a la sociedad la gestión de la vida humana, desde la concepción a la muerte; en proceder, con ello, a una selección rigurosa de los que serán autorizados a transmitir la vida: temas todos ellos que han sido dolorosamente experimentados en la historia, incluso reciente, pero que aquí se reactivan con energía y se integran en un cuadro lúgubre y mortífero.

Y en estos temas predominantemente neomaltusianos vienen a injertarse otros temas maltusianos clásicos. La felicidad de la sociedad humana -se nos dice- exige no sólo una selección cualitativa; requiere igualmente la determinación de unos límites cuantitativos. "Nosotros sabemos" que los recursos disponibles son limitados, y que una planificación realmente eficaz de la población mundial es condición indispensable para la supervivencia de la humanidad. "Nosotros sabemos" que esta necesidad es particularmente urgente en el Tercer mundo, donde puede observarse una trágica desproporción entre los recursos vitales y el crecimiento de la población.

Una nueva religión civil



La ideología imperialista pretende ser una ideología de oclusión de toda trascendencia que no sea la trascendencia social. El discurso en que se presenta es estrictamente hipotético, en el sentido que ha sido explicado más arriba: es el reflejo de la voluntad de los que lo emiten (14). Tiene una función utilitaria, pero no tiene valor de verdad. Es útil para los que lo emiten y se presenta como un lenguaje universal; pero es la imagen invertida de los intereses particulares de los ricos y de los poderosos.

No tiene ningún valor de verdad porque, en su principio mismo, se refugia en el aislamiento: el pensamiento se elabora en recintos cerrados al mundo exterior. Es la expresión más reciente de la antigua tradición cientificista, con una formulación orientada en provecho de las ciencias biomédicas. Sólo los métodos de esas ciencias pueden proporcionarnos -se nos asegura- unos conocimientos ciertos, y sólo estas ciencias pueden aportar al hombre la respuesta a sus interrogantes más radicales.

Este discurso cientificista ignora toda posible búsqueda filosófica -y con mayor razón teológica- de la verdad del hombre, la sociedad y el mundo. En particular, queda excluido todo discurso sobre un ser trascendente extramundano. La idea misma de una referencia creadora común a todos los hombres es declarada a priori sin sentido: es inútil considerarla siquiera. De ahora en adelante, una vez reconocida la muerte del padre, la fraternidad deja de ser posible y no hay una participación en una existencia recibida de un mismo creador. Sólo existe la voluntad pura. La sociedad se declara trascendente: una nueva religión civil ha nacido, un nuevo ateísmo político, un nuevo reino, cuyas divinidades paganas llevan por nombre poder, eficacia, riqueza, posesión y saber. Los que son ricos, sabios y poderosos demuestran, gracias a su triunfo sobre los débiles, que están justificados para ejercer un papel mesiánico. En ellos se encuentra en efecto, tanto la medida de sí mismos como la de los demás.

Esta ideología mesiánica y herméticamente laica, así como la moral del amo que le es inherente, exige que sus autores reprogramen a los demás hombres. Hay que programarlos física y psicológicamente; hay que planificar su producción y su educación; para ello, habrá que utilizar el hedonismo latente, y contar con la búsqueda del placer. Pero al mismo tiempo, habrá que alienar a las parejas, quitándoles toda responsabilidad en su comportamiento sexual. En suma, los tecnócratas médicos, piezas maestras de las fuerzas imperialistas, deberán ejercer un control total sobre la calidad y la cantidad de seres humanos.

Este discurso ideológico, que tiene la virtud de eliminar el sentido de la responsabilidad y la capacidad de acción en las personas, ejerce además la misma influencia en el plano de la sociedad. Para el Tercer Mundo, en particular, estas ideas son totalmente desastrosas.

Consisten en hacer creer que la pobreza es natural, que es una fatalidad estrictamente ligada a un exceso de crecimiento demográfico.

Junto a esa consideración cuantitativa, se insinuará también, siguiendo a Galton (1822-1911), que la pobreza de los pobres es la mejor prueba posible de su mediocridad natural. No hay que dejarles, pues, llenar el mundo, tanto por su propio bien como por el bien general. El uno y el otro recomiendan que el número de pobres sea calculado en función de la utilidad que representen (15).

Porque según la ideología que estamos examinando, la utilidad es el criterio único que debe tenerse en cuenta a la hora de admitir la entrada de un ser humano a la existencia. ¿Produce o consume bienes? ¿Produce beneficios o placer? Si las respuestas son negativas, el nuevo ser es nocivo: es un enemigo. Y como nada garantiza siquiera que, de ser útil lo seguirá siendo siempre, el ser humano constituye así una amenaza permanente para la seguridad de sus semejantes.

El panimperialismo totalitario...



Finalmente, y lógicamente, la ideología de la seguridad demográfica tiene por fundamento y término el punto de referencia único de la muerte. La ejecución del niño por nacer camufla la violencia de nuestra sociedad, tanto más cuanto que la materialidad de esta ejecución se realiza de manera furtiva (16).

El niño abortado es la víctima propiciatoria a la que se transfiere la violencia de nuestra sociedad. Es mi oponente, mi rival, es un obstáculo para mis intereses, para mi placer y para mi vida; es la causa de la pobreza, el obstáculo para el desarrollo. Va a desear lo que deseo, primero en el terreno del tener y luego en el terreno del ser. Va a surgir en la vida como mi doble: está de más; hay que suprimirlo.

Pero no se trata aquí de una violencia de menor cuantía, o de una violencia simbólica como las que aparecen en la historia de las civilizaciones y en la mitología. El niño muerto en el seno de su madre no es sacrificado: no se le hace sagrado para proteger la cohesión de la comunidad humana (17). Es ejecutado sin que la violencia sea expulsada de la sociedad humana. Pues una sociedad totalmente laica ha de desacralizarlo todo, incluida la vida, y desmitificarlo todo, incluida la víctima propiciatoria.

El sufrimiento y la muerte constituyen, en efecto, el absoluto sin sentido que justifica la rebelión contra el Padre. Por lo tanto, el niño al que se mata significa la destrucción del Padre. Su ejecución no conjura la violencia; anuncia al contrario mucha más violencia. Salvo una fuerza mayor, nada puede ni debe limitar mi fuerza. Y lo que es más grave, una de las funciones de la ideología es la de disimular esa violencia ilimitada sustrayéndola al control de la razón.

Así pues, la legalización del aborto señala la inminencia del retorno de un delirio irracional, disimulado bajo el camuflaje engañoso de una ideología de autoprotección.

La ideología neoimperialista de la seguridad demográfica puede, pues, considerarse bastante cercana de la ideología nazi; es, en realidad, en más de un sentido, una extrapolación de la misma. Mientras que el nazismo se presentaba como una nacional-socialismo, en el neoimperialismo actual los métodos se han refinado. No se trata ya de un imperialismo predominantemente militar, como entre los romanos, o predominantemente económico, como en la Inglaterra victoriana, se trata de un imperialismo de naturaleza claramente totalitaria.

Los ideólogos han hecho un esfuerzo notable para disimular mejor sus designios. El papel de la ideología se ha hecho más importante: la conquista y el dominio de los cuerpos pasa actualmente por el dominio de las inteligencias y de las voluntades, y viceversa. Estamos en presencia de un fenómeno nuevo: el panimperialismo, donde el control de las almas es tan importante como el de los cuerpos.

...y "metapolítico"

Y finalmente, como su inspiración directa es la forma más reciente del cientificismo, este panimperialismo es de naturaleza metapolítica: se esfuerza en hacer triunfar una nueva concepción de la vida humana en la que ésta sólo tiene sentido a la luz de la trascendencia social. El panimperialismo se caracteriza, en efecto y ante todo, por la concepción particular del hombre que está por encima del ámbito de lo político. En nombre de esa antropología, el nuevo imperialismo ocupa las estructuras que le son necesarias para su poder: políticas, científicas, económicas, informativas, jurídicas, militares, religiosas, etc. Todas estas estructuras transmiten el poder imperialista, como por hipóstasis, hasta los confines de la tierra.

El Estado totalitario clásico es todopoderoso dentro de sus fronteras, pero este poder está limitado por el poder de los demás Estados. Se encarna en un príncipe (o un gobierno) que puede identificarse, que es visible y, por lo tanto, alcanzable, expuesto a una posible agresión y, por lo tanto, destruible. Aquí, en cambio, la revolución parece imposible, pues el príncipe de este mundo se cuida bien de no desvelar su rostro (cfr. Juan y, 44). El imperio metapolítico aspira a una supremacía incondicional e incondicionada; no quiere conocer o reconocer ni iguales ni rivales.

Los medios de comunicación, que tienen una función de información, tienen también, en el marco de este proyecto totalizador, una función de ocultación indispensable. No se toleran los vaticinios de Casandra, a menos que se garantice que no serán tomados en serio. La información ha de ser tratada según los intereses de los que la producen y según los gustos de los que la consumen.

La colonización de la opinión debe tener efectos tranquilizadores en los unos y angustiantes en los otros. Lo único que de verdad importa es la seguridad de los pudientes; los débiles no tienen precio: los ricos pueden, pues, disponer de ellos a su antojo y exiliarlos fuera de las fronteras de la humanidad.

Los proyectos de la legalización del aborto no son, en suma, como hemos visto, más que la parte visible de un iceberg que oculta muchos peligros.

Recientemente fue publicado el libro La cara oculta de la ONU, escrito por el Padre Michel Schooyans, poseedor de tres doctorados y experto en políticas demográficas internacionales. El Padre Michel Schooyans es Profesor Emérito de la Universidad de Lovaina, en Bélgica, donde ha dictado cursos sobre esa materia, así como sobre filosofía política. El Padre Schooyans es también consultor de cuatro discasterios del Vaticano: el Pontificio Consejo para la Familia, la Academia Pontificia para la Vida, el Pontificio Consejo Justicia y Paz, y la Pontificia Comisión para las Comunicaciones Sociales. Además de ello, el Padre Schooyans es un conferenciante internacional sobre temas relacionados con la defensa de la vida humana y la familia, incluso, ha participado en congresos de Vida Humana Internacional. Recientemente estuvo en el Brasil, donde fue a dar un curso a los obispos de ese país sobre los peligros para la vida y la familia provenientes de la ONU.

"Antisemitismo", ideología dominante de la Pax americana.

Israel Shamir Contestandole a Lisandro otero ( cuando casualmente en Francia... )

Sobre perros y zorros



Cuando los hidalgos británicos corren a los zorros por la verdes lomas de Surrrey, pegan gritos de "yoicks" para estimular a sus perros; a su vez los judíos gritan "antisemitismo" para alentar a sus perros. Las voces de "yoicks" aterran al zorro; "antisemitismo" es lo que sirve para aterrar a la oposición al Nuevo Orden Mundial. Es el equivalente de una bula papal declarando la cruzada contra los herejes. Como una enfermedad contagiosa, van regando el odio cada vez más lejos. Los iraquíes defendieron a los palestinos, y fue invadida su tierra. El último enemigo de los sionistas es Francia, porque los franceses se han atrevido a oponerse a sus planes de conquista de Irak. En la verde calle donde vivo, un gran Chevrolet parqueado lleva una pegatina que reza: "Después de Irak, Chirac". Las últimas entregas de los diarios israelíes están llenas hasta el tope de reportajes y ensayos contra los franceses. Y cada vez que los judíos no consiguen lo que quieren, levantan el espectro del supuesto "antisemitismo" de sus adversarios. Y resulta que ahora los cazadores han recibido el apoyo inesperado del destacado intelectual cubano Lisandro Otero. Era de esperar que un escritor de la Isla de la Libertad llamara a la solidaridad con el pueblo de Palestina, de Irak, y de Francia. Él podría entender que el tema del antisemitismo francés está orquestado por las mismas fuerzas que hace apenas unos meses atrás han desatado su campaña anticubana. Pero Otero ha preferido ladrar con los perros, en vez de correr con los zorros. En un artículo regado por los medios cubanos, el escritor exdisidente repite las acusaciones estandardizadas de los sionistas en contra de Francia. Después de repetir de los dientes para fuera la letanía que complace a los sionistas de izquierda en términos de "política de exterminio de los palestinos practicada por el sangriento Ariel Sharon", escribe: "Los ataques contra los judíos han aumentado de manera alarmante en Francia.... Muchas de estas agresiones son protagonizadas por musulmanes, de los cuales hay en Francia entre cuatro y cinco millones". Esto no es muy políticamente correcto que digamos, es más bien una generalización francamente racista, pero es que "el racismo antiárabe está tan difundido que ya no se nota; posiblemente sea la única forma de racismo que se ha mantenido, y se considera legítimo", según las palabras de Noam Chomsky, ¡tan legítimo que Otero se vale de él sin darse cuenta!



Para el caso de que el escritor cubano Otero sea un hombre sincero que se ha dejado engañar por los medios sionistas, vamos a referirnos brevemente a su alegato. Ni un judío ha sido muerto o severamente herido en Francia en los últimos diez años, mientras en el mismo período las pandillas paramilitares sionistas del Betar creadas por el fascista adorador de Mussolini y judío Jabotinski atacaba y hería a docenas de antisionistas y musulmanes en las calles de París y Marsella. En Francia, centenares de musulmanes han sido heridos y muertos en ataques racistas frecuentemente llevados a cabo por los aliados fascistas de los sionistas. En el Estado judío, a los musulmanes palestinos se les prohíbe orar en el lugar sagrado que es la mezquita de al-Aqsa en Jerusalén; el ejército judío les impidió a los palestinos cristianos llegar hasta el Santo Sepulcro en esta última Pascua de Semana Santa. Pero en Francia, no solamente se protege el culto judío; los judíos franceses incluso han celebrado los "logros"sangrientos del ejército israelí. A cada rato, la policía y los escuadrones "antiterroristas"registran y allanan las mezquitas en Francia y en otros lugares de Europa; sería de veras un milagro si las sinagogas les garantizasen inmunidad total a los sionistas. Esto podría suceder si las sinagogas se limitaran estrictamente a la práctica religiosa y se mantuvieran apartadas de los temas políticos, pero los sionistas usan los centros de la comunidad judía y las sinagogas en Francia como viveros para reclutar; allí es donde colectan dinero para edificar el Muro, allí es donde movilizan a los judíos franceses para que peleen por el estado judío y apoyen la intervención estadounidense en Iraq. Lisandro Otero podría leer un artículo revelador del filósofo judío canadiense, el profesor Michael Neumann, quien compara la cobertura mediática sobre los ataques a propiedades judías y no judías. "Cuando aparecieron pintadas en las paredes de viviendas judías, el Globe y el Toronto Mail le dedicaron la tercera parte de la primera plana, con una foto que cubría la mitad del espacio superior (el 17 de marzo pasado), y el cuento seguía en página 8. Yo, en tanto que judío que me he dado cuenta de que el antisemitismo da lugar a muchas manipulaciones con fines políticos, me preguntaba por qué le daban tanta importancia a este suceso. Cuando un centro islámico de Pickering recibió pintadas y fue incendiado -prender fuego a un lugar es un crimen más grave que escribir unos graffiti- el relato apareció en lo último de la página 12, el 26 de marzo. Apenas si ocupó algo más de espacio que la continuación, página 8 del relato sobre antisemitismo". Y concluye Neumann: los informes sobre crímenes por odio en contra de judíos y otros grupos étnicos significan que los judíos son importantes, pero los demás, en absoluto. Dicho de otra manera, el barullo aquél sobre el "antisemitismo francés"está hecho a base de espejos, los espejos que agrandan y distorsionan, que son los de los medios harto judíos.



Nada nuevo en este tema: hace cien años, en medio de los reportajes sobre la racha del "antisemitismo ruso", un escritor ruso, Alexander Kuprin, amigo de los judíos, le escribió a uno de sus amigos escritores: "En una tribu de diez mil personas del extremo norte los nativos se cortaron el pescuezo ellos mismos porque el ciervo que tenían se murió. Los campesinos de Samara comen tierra porque se mueren de hambre. Polonia ha sido devorada, la encantadora Crimea convertida en prostíbulo, la antigua agricultura del Asia central asolada sin piedad, pero en medio de este océano de maldad, injusticia, violencia y dolor, nosotros, los escritores rusos, gritamos acerca de las limitaciones que se les imponen a los dentistas judíos". Lisandro Otero se arriesga a sumar dos mil años de relaciones judeo-cristianas según el evangelio sionista: "Al convertirse al Cristianismo el emperador Constantino prohibió, bajo pena de muerte, las prácticas judaicas. Justiniano prohibió la construcción de sinagogas.... El triunfo del Cristianismo en Europa condujo a institucionalizar la segregación racial de los judíos..." Sé razonable, Lisandro! La iglesia anegó en sangre las herejías albigense y arianista, destruyó a los druidas y otros cultos no-cristianos en Europa, bautizó a los eslavos y pueblos bálticos por el fuego y la espalda; ¿acaso piensas que no hubiera sido capaz de eliminar a los judíos si quisiera hacerlo? El concepto de "segregación racial" era totalmente ajeno a la cristiandad, y muchos judíos conversos llegaron a obispos y santos de la Iglesia, desde Torquemada hasta san Juan de Dios. Por otra parte, la segregación racial es un precepto de la fe judía que prohíbe a sus seguidores mezclarse con no judíos. Lo vemos aplicado en el Estado judío, donde los no judíos están emparedados detrás del Muro de Sharon; y el matrimonio mixto no está permitido. La idea sionista de "persecución sin fin de los judíos" fue inventada para someter a los descendientes de la casta medieval judía y movilizarlos para las metas que les convenían a las elites judías. Ocasionó la aparición de tendencias paranoides entre los judíos. Si tú eres un amigo de los judíos, no alimentes esta paranoia! El antisemitismo no existe, Lisandro. Los judíos están a salvo dondequiera, tan seguros como cualquiera en este peligrosísimo planeta; tan seguros como tú en tu Cuba bloqueada, mucho más seguros que los palestinos en Palestina, los iraquíes en Iraq y los árabes en Estados Unidos o en Francia.



El destino judío no me preocupa, porque no corre peligro. El futuro de Cuba sí que me preocupa. Tu carta es una señal escalofriante de que la intelectualidad cubana está lista para someterse al Nuevo Orden Mundial. Yo he visto esta defunción en la Unión soviética de Gorbachov, cuando el desmantelamiento del socialismo empezó por discursos sobre el "antisemitismo". Los promotores de este paradigma habían establecido relaciones con Israel, con el establishment judío en los Estados Unidos y así fue cómo ayudaron a Yeltsin a tomar el poder. Los periodistas occidentales basados en Moscú habían llenado la cabeza a sus lectores con informes sobre "el creciente antisemitismo" y los pogromes que se venían. Los soviéticos no podían siquiera entender la acusación, porque la Unión Soviética nunca conoció racismo de ningún tipo. Pero los judíos soviéticos se asustaron con dichos informes carentes de base pero constantemente repetidos. Más de un millón de ellos hicieron cola frente a la embajada israelí; ahora están edificando el Muro para emparedar a los niños de Bethania. Este proceso migratorio facilitó el colapso de la Unión Soviética, y le dio la riqueza nacional del pueblo soviético a la banda de unos pocos mafiosos mayormente judíos en íntima relación con sus parientes y socios estadounidenses. Se observó el mismo fenómeno en otros países socialistas de Europa oriental.



Un influyente agente del Mossad, el dueño de medios Robert Maxwell, apoyó a sus elites culturales. Al principio, hablaron de antisemitismo, después del holocausto, y al final de la jornada, sus haberes nacionales privatizados fueron comprados por George Soros, Marc Rich y Vladimir Gusinsky, mientras mandaban a sus soldados a matar iraquíes en Faluja. El tema del antisemitismo no se refiere a los judíos: es la ideología dominante de la Pax americana. El cubano que habla de antisemitismo le está asfaltando la carretera de regreso a su isla a los herederos triunfales de Meyer Lansky. Tú, Lisandro, te fuiste de Cuba por un tiempo como emigrado político, y después volviste porque entendiste los sofismas de las campañas mediáticas de Occidente, y dijiste: "De lejos, se ve mejor cómo son las cosas: las cosas pequeñas se ven pequeñas, y las grandes grandes". ¿Acaso has vuelto a cambiar de parecer? ¿Es que deseas que tu patria se convierta en otra Haití o Guatemala, un burdel flotante "off shore"para Miami? Tengo una visión de peluqueros y masajistas haciendo de mecánicos, y putas soñando con el Norte y el post-castrismo, intelectuales que venden tabacos de contrabando... Date una vuelta por las antiguas repúblicas soviéticas, y verás en qué termina la carretera que empieza con los sermones sobre antisemitismo. Si no te preocupa más de la cuenta el destino de trabajadores y campesinos, y sólo te preocupa la suerte de los intelectuales, te enterarás de que estos países empobrecidos, los escritores y directores de cine no pueden sobrevivir si no es con garantías de la Soros Corporation... Para los intelectuales, la vida en los países socialistas es mucho más suave que para sus hermanos en el Tercer Mundo privatizado. En vez de llamarte "disidente" allí te llamarán terrorista. Una equivocada preocupación por los intereses de Meyer Lansky y Mort Zuckerman, Bernard-Henri Levy o el sionista cubano Jacobo Machover, y por los demás amigos de Ariel Sharon y Simón Peres le abrirá el camino a un nuevo Batista en tu isla, si algunos barbudos rejuvenecidos no les dan un parón. Ya llegará el momento, más temprano que tarde, en que el imperio norteamericano será derrotado y desmantelado, y con él, desaparecerá de raíz el tema paranoide del antisemitismo. Entonces vivirán en paz y armonía los descendientes de los judíos con los descendientes de hidalgos españoles, "rednekcs" blancos del note y fellahin palestinos. Tu tarea, Lisandro, y la de los intelectuales cubanos es la de llevar el buen buque de la Cuba independiente y socialista al puerto seguro del futuro. Para esto, ¡aléjate, por Dios, de los escollos sionistas!

lunes, 7 de noviembre de 2005

Estallido frances Con Olor a Zioncons



¿Provocadores Zioncons/fascistas detrás del estallido social en Francia?

¿Es una coincidencia que el estallido social en Francia comenzara el 27 de octubre, un día antes de la acusación de "Scooter" Libby por el caso Plame?

¿Sitios vinculados al Mossad en Internet están llamando a la "sublevación de Ramadan" y a una "Intifada europea"?

¿Sarkozy tiene fuertes vinculos con el Likud en Israel, los neo-con en la administración Bush y con el gobierno de Blair en Londres.?

Los conglomerados mediaticos Zioncons como la News Corporation de Rupert Murdoch y el grupo de Hollinger está culpando de la violencia a la tolerancia del gobierno Francia hacia su población musulmana.( Ver Mas )

¿Fuerzas de elite del SAS Britanico conjuntamente con grupos sionistas judios estan Actuando en Francia?

¿Que rol jugaron los Movimientos extremistas judios franceses, ( las milicias del betar, la juventud del likud en francia y la liga de defenza judia) con sus aliados del Frente Nacional de Le Pen?

( otra nota al respecto )

¿Hay tension nuclear entre Inglaterra Y Francia por estos acontecimientos?

¿Esta situacion esta prevista en los planes de la Elite?

¿El objetivo apunta a la declaracion del estado de sitio como forma de matar a la oposicion de la Union Europea y todos los planes globalistas?

¿Quien sale Ganando con todo esto?

Y estas Ultimas preguntas las dejo como Apertura de algun proximo Tema y a consecuencia de esta moda de rebeliones populares que favorecen a los estados de sitios y a los planes globalistas.

¿Ser de izquierda "Progre", es ser Revolucionario?

La declamacion "internacionalismo proletario", en estas circunstancias de lucha entre globalismo o nacion, ¿hace a la Izquierda aliada al Nuevo Orden Mundial?

¿Rebelion de las "masas" favoreciendo la politica de convulsionar los paises para provocar una guerra mundial?

¿Rebeliones populares que mantenga en el poder a los que apoyan fervientemente a la Union europea en sus planes globalistas y que no permitan el ascenso de las fuerzas que se oponen a estas politicas?

¿Ser globalista es ser de izquierdas? ¿Ser nacionalista es ser derecha?

Intentare responder porque pienso que debido a lo que nos enfrentamos, y porque(?) nuestra formacion cultural con ideas mundialistas hoy nos estan haciendo jugar, muy abiertamente, a la derecha de las naciones y los pueblos, apoyando fervientemente las ideas globalistas, y este creo yo, es el mayor problema:

Tenemos a los "quintacolumnistas" en nuestra formacion ideologica y politica.

domingo, 6 de noviembre de 2005

Gobierno Mundial visto por John Coleman



(Extracto tomado de Conspirators Hierarchy: The Story of the Committee of 300, del Dr. John Coleman, 1992.)


Extracto del libro escrito por el Dr. John Coleman en 1991, en donde predice de una forma impactante las estrategias utilizadas por una pequeña elite intocable de dirigentes cuyo objetivo es establecer el Nuevo Orden Mundial. Estas estrategias se están ejecutando en la actualidad y más aún han alcanzado algunos de sus objetivos, le invitamos a conocer quienes son y lo que han planeado para nuestro futuro, la batalla para evitarlo será, ante todo, de carácter espiritual.


EL CLUB DE LOS 300

Por el Dr. John Coleman

Introducción

Mientras me desempeñaba como funcionario de inteligencia, tuve numerosas oportunidades de ver documentos sumamente secretos. Más adelante, cuando ejercía de politicólogo en Angola, pude examinar una serie de documentos ultrasecretos, reveladores a más no poder. Lo que vi me llenó de enojo y resentimiento, y me motivo a emprender una labor en la que no he cejado hasta el momento: poner al descubierto las fuerzas que dominan y manipulan los gobiernos británico y estadounidense.

John Coleman, noviembre de 1991.


Esquema General y Algunos Casos Concretos


Un número sin duda considerable de personas tenemos conocimiento de que los gobernantes del mundo en que vivimos no son en realidad los que manejan los hilos de la política y la economía, tanto a escala nacional como internacional. Esto ha llevado a muchos a buscar la verdad en publicaciones de contracorriente, boletines dirigidos por quienes, como yo, se han esforzado – no siempre con éxito – por descubrir la causa de la incurable dolencia que aqueja a los Estados Unidos. Nuestra investigación no se ha visto coronada por el éxito en todas las ocasiones. Pero sí hemos averiguado que la humanidad anda en tinieblas, y en su mayor parte le tiene sin cuidado la suerte que aguarda a su país, o bien no se molesta en indagarlo. El sector más amplio de la población ha sido manipulado para reaccionar de dicha manera, y esa actitud resulta ventajosa para el gobierno secreto.

Con frecuencia oímos decir:"Están haciendo estan" o "Están haciendo aquello".. Quienes hacen esas cosas son capaces de cometer las mayores barbaridades impunemente. Aumentan los impuestos o envían a nuestros hijos a morir en guerras que no reportan beneficio alguno a nuestra patria. Son personajes invisibles que escapan a nuestro alcance, nebulosos hasta la desesperación cuando queremos demandarlos. Nadie puede identificar claramente de quiénes se tratan. Este estado de cosas se ha mantenido así durante décadas. A lo largo de las páginas de este libro identificaremos a esos personajes misteriosos. A partir de ahí, corresponderá al público corregir la situación en que se encuentra.

El Club de los 300 es el no va más de las sociedades secretas. Está integrado por una clase dirigente intocable a la que pertenece la reina de Inglaterra, la de los Países Bajos, la de Dinamarca y las diversas familias reales europeas. A la muerte de la reina Victoria, dichos aristócratas llegaron a la conclusión de que la única manera de hacerse los amos del mundo era asociarse con poderosísimos magnates de la industria internacional, que no pertenecían a su linaje. De esta forma, ganaron acceso al máximo poder aquellos a quienes la reina de Inglaterra gusta llamar plebeyos.

Desde que trabajaba en el servicio de inteligencia sé que los jefes de estado extranjeros conocen a tan poderosa horda por el apelativo de los magos. Stalin acuñó una expresión personal para describirlos: las fuerzas tenebrosas. Y el presidente Eisenhower, que nunca logró ascender por encima del grado de hofjude (judío del atrio), lo llamó – quedándose mayúsculamente corto - "
Complejo Militar Industrial".

¿Quiénes son los conjurados que integran el todopoderoso Club de los 300? Los ciudadanos mejor informados tienen conocimiento de que existe una conspiración, la cual se presenta bajo una diversidad de nombres, entre ellos los illuminati, la Francmasonería, la Tabla Redonda y el grupo Milner. Lo malo es que resulta extremadamente difícil encontrar información fidedigna sobre las actividades de quienes integran el gobierno invisible.

A fin de hacerse una idea del enorme alcance de la conspiración a la que nos referimos vendría bien enumerar en este momento algunos de los objetivos trazados por el Club de los 300 con vistas a su conquista y dominio del mundo. Es preciso entender claramente las razones por las que la energía nuclear es tan detestada en la mayoría de los países, y por qué al falso movimiento ambientalista – creado y costeado por el Club de Roma – se le pidió que declarara la guerra a dicha fuente energética. Generando fuerza eléctrica barata y abundante a partir de reactores nucleares, los países en vías de desarrollo se volverían poco a poco independientes de la ayuda externa norteamericana y podrían consolidar su soberanía. La electricidad producida a partir de la energía atómica es la clave para que los países atrasados salgan del subdesarrollo en el que el Club de los 300 les ha ordenado permanecer.

A menor ayuda externa, menor sería el control de los recursos naturales de los diversos países por parte del FMI. La idea de que las naciones en vías de desarrollo rigieran su propio destino era anatema para el club de Roma y su Club de los 300 que dirige el mundo. Hemos visto la oposición a la energía nuclear utilizada con éxito para bloquear el progreso, de conformidad con los planes del Club para el crecimiento cero en al era post-industrial.



Al tener que depender de la ayuda exterior procedente de EE.UU. esos países de hecho se hayan sometidos en servidumbre al Consejo de Relaciones Exteriores. Al pueblo de las naciones beneficiarias les llega una parte ínfima del dinero, que por lo general termina en las arcas de dirigentes gubernamentales que permiten que el FMI despoje brutalmente al país de sus recursos naturales y bienes de producción.

En Mugabe, el presidente de Zimbabwe, la antigua Rodesia, tenemos un claro exponente de hasta qué extremo se pueden manipular los recursos naturales de un país, en este caso mineral de cromo de alta ley. LONRHO, el gigantesco conglomerado de empresas presidido en nombre de su prima, la reina Isabel II, por Angus Ogilvie – figura importante del Club de los 300 – es actualmente dueño y señor absoluto de tan valioso insumo. Mientras tanto el pueblo zimbabuo se sume cada vez más hondo en la miseria, a pesar de percibir ayuda económica de los Estados Unidos por un monto superior a los 300 millones de dólares.

Al presente, LONRHO tiene el monopolio de la producción nacional de cromo, y cobra precios arbitrarios, lo cual no estaba permitido durante el gobierno de Smith. Antes de la llegada del régimen de Mugabe, se mantuvo un nivel de precios razonables por espacio de un cuarto de siglo. Si bien es cierto que en los catorce años por los que se prolongó la presidencia de Ian Smith ésta tuvo sus fallos, desde que él abandonó el poder el desempleo se ha cuadruplicado y Zimbabue se haya sumido en el caos y en una bancarrota de hecho. Mugabe recibió suficiente ayuda de los EE. UU. (Del orden de los 300 millones de dólares anuales) para construirse tres mansiones en la Costa Azul, Cap. Ferat y Montecarlo, mientras sus súbditos pugnan por vencer la enfermedad, el desempleo y la desnutrición, eso sin hablar de una férrea dictadura que no tolera protestas. En contraste con esta situación, el gobierno de Smith jamás pidió ni recibió un centavo de ayuda de los Estados Unidos. Es evidente, pues, que la ayuda externa es un medio eficaz de subyugar a países como Zimbabue y ciertamente al resto de África.

El Club de Roma



¿Cómo pueden los conjurados tener al mundo en sujeción, y más concretamente a los Estados Unidos y Gran Bretaña? Uno de los interrogantes que surgen con más frecuencia es: ¿cómo puede una sola entidad estar al tanto de lo que sucede en todo momento, y de que manera ejerce su dominio? En este libro procuraremos responder a esa y otras preguntas. La única forma de afrontar la realidad del éxito de la conspiración es nombrar y comentar algunas de las sociedades secretas, organizaciones de fachada, organismos gubernamentales, bancos, compañías de seguros, empresas multinacionales, la industria petrolera y los cientos de miles de entidades y fundaciones cuyas figuras más destacadas componen el Club de los 300, máxima institución que lleva las riendas del mundo desde hace al menos un siglo.

Como ya se han publicado bastantes libros sobre el Consejo de Relaciones Exteriores y la Trilateral, pasaremos a hablar directamente del Club de Roma y de la fundación alemana Marshall.

Para algunos fue una sorpresa descubrir que el Club de Roma y la entidad que lo financia, la cual ostenta el titulo de Fundación Alemana Marshall, eran dos asociaciones de confabulados que realizan sus actividades bajo el auspicio de la Organización del Tratado del Atlántico Norte, y, que en su mayor parte, los ejecutivos que integran el Club de Roma proceden de la OTAN. Fue el Club de Roma el que formuló los principios que esta última organización reivindica como suyos, y el que – por intermedio de Lord Carrington, socio de Club de los 300, dividió a la OTAN en dos fracciones: un grupo de presión política (izquierdista) y la alianza militar originaria.

El Club de Roma sigue siendo uno de los brazos más importantes del Club de los 300, en lo que se refiere a política exterior; el otro es el grupo de los Bilderberger. Se formó en 1968 a partir de miembros incondicionales del grupo original fundado por Morgenthau a raíz de una llamada telefónica del difunto Aurelio Peccei instando a lanzar con urgencia una nueva campaña con objeto de acelerar la planificación del Gobierno Internacional Único, actualmente conocido como Nuevo Orden Internacional. De todos modos, el primer nombre me parece más exacto.



El llamado de Peccei fue respondido por los más subversivos planificadores del futuro que se pudieron seleccionar en Estados Unidos, Francia, Suecia, Gran Bretaña, Suiza y Japón.

Entre 1968 y 1972, el Club de Roma se transformó en una entidad cohesiva integrada por neocientíficos, mundialistas, planificadores del futuro e internacionalistas de toda calaña. Uno de los delegados lo describió con estas palabras: "
Nos hemos convertido en la túnica de diversos colores de José", en alusión al personaje bíblico.

En líneas generales, el programa previsto del Club de Roma consistiría en crear y difundir ideas postindustriales en los Estados Unidos, junto con movimientos de contracultura como los empeñados en la difusión de la droga, la revolución sexual, el hedonismo, el satanismo, la brujería y el ambientalismo, El instituto Tavistock, El Instituto de Investigaciones de Stanford, el Instituto de Relaciones Sociales y de hecho todo el amplio espectro de los centros de investigación de psiquiatría social aplicada, o bien contaban con delegados en la junta directiva del Club de Roma, o desempeñaban una misión orientadora en la tentativa de la OTAN de llevar a cabo lo que denominan la conspiración acuariana.

El Club de Roma es una organización general coordinadora, una especie de matrimonio entre financistas angloamericanos y las familias que integran la ancestral Nobleza Negra europea, en particular la nobleza de Londres, Venecia y Génova. La clave para el dominio exitoso del mundo está en su capacidad para crear y dirigir atroces recesiones económicas y futuras depresiones financieras. El Club de los 300 aspira generar convulsiones sociales a escala planetaria, seguidas de depresiones, pues ve en ellas un medio de allanar el terreno para sucesos de mayor trascendencia, un método para ocasionar que ingentes masas de seres humanos de todo el orbe se conviertan en futuros beneficiarios de su sistema de beneficencia social.

El Club de Roma posee su propia central de inteligencia, y toma prestados además agentes de la INTERPOL de David Rockefeller. Todos los organismos de inteligencia de los EE. UU. Cooperan muy estrechamente con él, así como la KGB y el Mossad o Servicio de Inteligencia Israelí.




¿Cuáles son sus objetivos?


¿Qué se propone esa minoría selecta tan secreta? Sus integrantes se hacen llamar también los olímpicos, pues están convencidos de que igualan en poder y talla a los legendarios dioses del Olimpo, los cuales al igual que su dios Lucifer, se han ensalzado a sí mismos por encima de nuestro Dios verdadero. Tienen además el convencimiento de que por derecho divino se les ha encomendado la consecución de las siguientes metas:

1.- El establecimiento de un gobierno internacional único o Nuevo Orden Mundial con una iglesia unificada y un sistema monetario común bajo la dirección de ellos. Pocos saben que el Gobierno Internacional inició la fundación de su iglesia entre los años veinte y los años treinta, al comprender la necesidad de canalizar en la dirección deseada por ellos la fe inherente a todo ser humano.

2.- La destrucción irremediable de toda identidad y orgullo nacional.

3.- El aniquilamiento de la religión, y más en particular de la cristiana. La única excepción será la creada por ellos que mencionamos más arriba.

4.- El dominio de cada habitante del planeta mediante técnicas de condicionamiento psicológico y de lo que (Zbignew) Brzezinski denominó tecnotrónica, con la cual se crearían robots humanos y se implantaría un espeluznante sistema al lado del cual el Terror Rojo de Félix Dzerzhinsky parecerá un juego de niños.



5.- El fin de toda industria y de la producción de fuerza eléctrica generada a partir de la energía nuclear, en lo que llaman sociedad postindustrial de crecimiento cero. Sólo serán autorizadas las industrias de computación y los servicios. Las empresas norteamericanas que queden serán trasladadas a países como México, donde la mano de obra esclavizada es abundante. Los desempleados a consecuencia de la desaparición de las industrias se transformarán en adictos a la heroína o a la cocaína, o integrarán las estadísticas del proceso de eliminación delineado en el informe El mundo en el año 2000.

6.- Legalización de la droga y la pornografía. ( otro aca )

7.- Despoblamiento de las grandes ciudades, de conformidad con el ensayo llevado a cabo por el régimen de Pol Pot en Cambodia. Es interesante destacar que el plan genocida del dictador asiático fue formulado aquí en los Estados Unidos por una de las fundaciones de investigación financiadas por el Club de Roma. Otro dato interesante es que actualmente los 300 tratan de reinstaurar a los carniceros de Pol Pot en Camboya.



8.- Eliminación de todo adelanto científico salvo los que sean considerados provechosos para el Club de los 300. La producción de energía atómica con fines pacíficos es uno de los blancos principales. Los experimentos de fusión en frío que actualmente (1992) se llevan a cabo son objeto de burla y desprecio por parte del Club y de sus chacales en la prensa. Un soplete de fusión debidamente empleado pondría a nuestra disposición unos recursos naturales inagotables a partir de las sustancias más comunes, y el Club ya no podría seguir insistiendo en "
la falta de recursos naturales".

9.- Por medio de guerras de limitado alcance en los países desarrollados y de la aniquilación mediante el hambre y las enfermedades de la población de países del tercer mundo, ocasionar de aquí al año 2050 la muerte de 3000 millones de seres humanos, a los que califican de inútiles consumidores de alimentos. El Club de los 300 encargó a Cyrus Vance la redacción de un informe al respecto que expusiera los medios más eficaces de llevar a efecto semejante genocidio.
Dicho informe lleva por titulo El Mundo en el año 2000 y fue aprobado por el presidente Carter para el gobierno estadounidense y a nombre del mismo, y aceptado por Edwin Muskie, a la sazón secretario de estado. Según las condiciones fijadas en el informe, la población de los EE. UU. Deberá haber descendido a 100 millones para el año 2050.

10.- Debilitar la fibra moral de la nación y desmoralizar a la clase obrera mediante la generalización masiva del desempleo. Cuando el número de puestos de trabajo disminuya a causa de las normas introducidas por el Club de Roma con vistas al crecimiento cero postindustrial, los operarios, sumidos en el desaliento y la desesperación, buscarán refugio en el alcohol y la droga. Por medio del rock y de los alucinógenos, se instará a los jóvenes a revelarse contra el status quo, lo cual socavará a la familia como institución social y acabará por destruirla. Con este fin, el Club de los 300 asignó al Instituto Tavistock la preparación de un plan maestro. Tavistock encargó al Instituto de Investigaciones de Stanford la elaboración del plan, con la dirección del profesor Willis Harmon. Más tarde, la empresa llegó a ser conocida como conspiración acuariana.



11.- Evitar que en todo el mundo la gente pueda decidir su propio destino. Con miras a ello, se creará una crisis tras otra, y luego se manejarán dichas crisis. Ello confundirá y desmoralizará hasta tal punto a la población que ante la superabundancia de opciones se generalizará la apatía. En el caso de los EE. UU. ya existe un organismo que tiene como fin el manejo de crisis. Se trata de la FEMA, siglas en inglés de la Secretaría Federal de Manejo de Emergencias, cuya existencia descubrí en 1980.

12.- Promocionar a grupos rufianescos de música rock como los Rolling Stones (pandilla de degenerados que goza ampliamente del favor de la nobleza negra europea) y todos los conjuntos a los que Tavistock convirtió en grandes figuras a partir de los Beatles. Seguir promoviendo el fundamentalismo cristiano, del cual se servirán para fortalecer el estado sionista israelí identificando a los judíos con el mito del pueblo escogido de Dios y contribuyendo con sumas bien cuantiosas a lo que dichos fundamentalistas erróneamente consideran una causa religiosa que favorece al cristianismo.



13.- Exportar a todo el mundo el ideario de la liberación religiosa al objeto de minar a toda religión existente y más en particular la cristiana. Esto empezó con la teología de la liberación, de origen jesuita, que acarreo la caída del régimen de los Somoza en Nicaragua y que en la actualidad destruye El Salvador – cuya guerra civil se arrastra ya embarcada por un curato de siglo - , Costa Rica y Honduras. Una entidad muy activamente embarcada en la llamada teología de la liberación es la misión Maryknoll, de tendencia comunista. Ello explica la amplia cobertura dada por los medios al asesinato de unas supuestas monjas de la orden Maryknoll hace unos años en El Salvador.

14.- Provocar el colapso total de la economía a escala internacional y desatar un caos político absoluto.

15.- Tomar en sus manos la dirección de toda política exterior e interior en los Estados Unidos.

16.- Otorgar el máximo apoyo a instituciones supranacionales como la ONU, el FMI, el Banco Internacional de Pagos y el Tribunal Internacional de Justicia y, en la medida de lo posible, disminuir la eficacia de las instituciones nacionales eliminándolas gradualmente o sometiéndolas a la autoridad de las Naciones Unidas.



17.- Infiltrarse en todos los gobiernos y sembrar la subversión en ellos, corroyendo internamente la integridad de las naciones que estos representan.

18.- Organizar un aparato terrorista de alcance internacional y negociar con sus agentes cada vez que estos lleven a cabo sus violentas acciones.

19.- Tomar las riendas de la enseñanza en los EE. UU. con la finalidad de llevarla a la ruina más completa.

Muchos de estos objetivos, los cuales enumeré por primera vez en 1969, se han alcanzado ya o están en avanzada vías de ejecución.

Si tenemos en cuenta los ilimitados caudales que tienen a su disposición, así como cientos de gabinetes de estrategia y 5000 ingenieros sociales, y siendo un hecho que tienen en sus manos los medios de difusión, la banca y la mayor parte de los gobiernos, se comprende que nos las estamos viendo con un problema de proporciones gigantescas, al cual ninguna nación está en condiciones de hacer frente en este momento.

Como he afirmado con tanta frecuencia, se nos ha hecho creer que el problema al que me refiero tiene su origen en Moscú. Nos han lavado el cerebro para que creamos que el comunismo es la mayor amenaza que enfrentamos los norteamericanos. No hay tal. El mayor peligro radica en la multitud de quintacolumnistas infiltrados entre nosotros. Nuestra Constitución nos advierte que vigilemos al enemigo interno. Esos enemigos sirven al Club de los 300, y ocupan posiciones clave en nuestra jerarquía gubernamental.

Debilitamiento de los EE.UU



El Club de Roma tiene la seguridad de haber debilitado a los Estados Unidos, según órdenes del Club de los 300. Tras años de librar una guerra contra los habitantes de esta nación, ¿quién puede poner en duda que ha cumplido en efecto su misión? Basta echar un vistazo a nuestro alrededor para ver hasta qué punto se ha arruinado la moral: droga, pornografía, rock, libertinaje sexual, el núcleo familiar prácticamente desmoronado, lesbianismo, homosexualidad y por último él espelúznese asesinato de millones de niños inocentes a manos de su propia madre. ¿Acaso ha existido alguna vez en la historia crimen tan infame como el aborto generalizado?

Dada la ruina espiritual y moral de los EE.UU., con nuestra industria destrozada, 30 millones de desempleados, las grandes ciudades transformadas en horrendos antros donde se cometen los crímenes más inimaginables, con un índice de asesinatos que casi triplica el de otros países, 4 millones de personas sin hogar y la corrupción en las esferas del gobierno alcanzado proporciones endémicas, ¿quién va a negar que los Estado Unidos están a punto de desplomarse roídos por la carcoma, para caer en las garras acechantes del Gobierno Internacional de la Nueva Era?

El Club de Roma ha logrado su objetivo de dividir las confesiones cristianas. Ha reunido un ejercito de carismáticos, fundamentalistas y evangélicos que apoyan ardientemente el estado sionista de Israel. Durante el genocidio que fue la Guerra del Golfo me llovieron cartas que preguntaban cómo me podía oponer a "
una guerra cristianan justa contra Irak". ¿Cómo podía yo dudar que el respaldo de los cristianos fundamentalistas a la guerra (del Club de los 300) contra ese país oriental no estaba acorde con los principios de la Biblia? A fin de cuentas, ¿no había rezado Billy Graham con el presidente Bush justo antes de dar inicio a las primeras andanadas? ¿Acaso no predice la Escritura "guerras y rumores de guerra?"



Esas cartas dejaron entrever la eficiencia con que ha desempeñado su labor el Instituto Tavistock. Los fundamentalistas cristianos constituyen una fuerza formidable a favor del Estado de Israel, ni más ni menos como estaba previsto. Qué lástima que tan buenos cristianos no caigan en la cuenta de que son burdas marionetas del Club de Roma y de que sus opiniones y creencias no son propias: las formularon para ellos los cientos de gabinetes de estrategia del Club de los 300 que se hallan repartidos por la geografía de los EE.UU. Es decir, que como cualquier otro sector de la población estadounidense, los cristianos fundamentalistas y evangélicos han sido objeto de un concienzudo lavado de cerebro.

Es posible que a algunos les cueste aceptar la idea de una conspiración a escala internacional porque muchos autores han obtenido lucro a costa de ella. Otros dudan que se puedan promover con éxito unas actividades de semejante alcance. Observando el enorme aparato burocrático de nuestra nación, preguntan: << ¿Cómo quieren que creamos que unos señores particulares tengan más poder que el Gobierno?>> Esto se debe a que no comprenden que el Gobierno es parte de la maquinaria de la conspiración. Los que eso afirman piden pruebas fehacientes, y no es tan fácil hallar tales pruebas.

Otros dicen: << ¿y qué? ¿Qué me importa a mí que haya una conspiración? Si yo ni me molesto en votar. >> Esa era precisamente la forma en que se preveía que reaccionara el grueso de la población estadounidense. El pueblo de nuestro país está sumido en el desaliento y la confusión, fruto de la guerra que se libra contra nosotros desde hace años. Hay muchas más probabilidades de que un pueblo desmoralizado y despistado acoja con los brazos abiertos la llegada de una gran figura que prometa resolver todo problema y garantice una sociedad ordenada en la que no exista el desempleo y con las disputas internas reducidas al mínimo. A ese dictador - eso será ni más ni menos - lo recibirán calurosamente.



Programados para el cambio, listos para la destrucción

Ese mismo Club de los 300 ha establecido mecanismos y sistemas de control mucho más ineludibles que nada que se haya visto hasta ahora. No son necesarias sogas ni cadenas para sujetarnos. Se nos ha lavado el cerebro hasta hacernos renunciar al derecho a portar armas que nos otorga la Constitución; abandonar la Constitución misma; permitir que las Naciones Unidas dirijan nuestra política exterior y que el FMI dicte la política fiscal y monetaria de nuestro país; tolerar que el Presidente vulnere impunemente la ley de los Estado Unidos invadiendo otro país y secuestrando al jefe del estado. En resumidas cuentas, nos han condicionado al extremo de que aceptemos a nivel nacional casi sin rechistar cada uno de los ilícitos perpetrados por el gobierno de nuestro país.

Gracias al Club de Roma, nuestra capacidad tecnológica ha sido superada por Japón y Alemania, los países a los que - según nos dicen- derrotamos en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo ha sido posible tal cosa? Porque, por un lado, hombres como el Dr. Alexander King, y por otro, nuestra ceguera mental inducida nos han hecho incapaces de reconocer el desmoronamiento de nuestras instituciones educativas y sistemas de enseñanza. Por esa ceguera nuestra, ya no formamos los suficientes ingenieros y científicos para mantener el puesto que ocupábamos entre las naciones industrializadas. Gracias al Dr. King, a quien muy pocos conocen en los Estados Unidos, la enseñanza ha caído a su nivel más bajo en el país desde 1786. Estadísticas facilitadas por el Institute for Higher Learning indican que los escolares actuales leen y escriben peor que los de 1786.

La meta era mentalizar a la nación para efectuar cambios programados y que se acostumbrara hasta tal extremo a ellos que cuando se produjeran transformaciones radicales éstas fueran prácticamente imperceptibles. En los últimos años la decadencia se ha acelerado hasta tal punto que en la actualidad el divorcio no acarrea estigma alguno, el suicidio alcanza tasas históricas que no horrorizan a muchos y desviaciones de las normas sociales aberraciones sexuales en otro tiempo innombrables en círculos decentes hoy son moneda corriente y no suscitan protestas. ¿Somos capaces de reconocer que el país va cuesta abajo y sin frenos? No, no lo somos. Cuando los que nos dedicamos a hacer ver la verdad al pueblo norteamericano descubrimos que un gobierno menor, privado y bien organizado dentro de la Casa Blanca cometía incesantes fechorías, fechorías que atentaban contra la esencia misma de la nación y las instituciones republicanas en las que ésta se apoya, se nos dijo que no preocupáramos al público con esas revelaciones. Una forma común de reaccionar era decir: "
No queremos saber nada de esas conjeturas".

Cuando la máxima autoridad elegida del país tuvo la osadía de poner las leyes de la ONU por encima de la Constitución de los Estados Unidos - delito por el cual se podía demandar al Presidente - la mayoría de la gente lo vio como lo más natural del mundo. Cuando la máxima autoridad elegida del país emprendió una guerra sin una declaración oficial por parte del Congreso, los medios informativos callaron ese detalle y los ciudadanos lo aceptamos una vez más antes que encarar la verdad.



Cuando estalló la Guerra del Golfo, maquinada y organizada por nuestro presidente (Bush), no sólo toleramos alegremente la más descarada de las censuras, sino que hasta nos lo tomamos a pecho creyendo que era buena para alcanzar el objetivo de la guerra. El Presidente mintió, April Glaspie mintió, el Departamento de Estado mintió. Decían que la guerra estaba justificada porque se había advertido a Saddam Hussein que no metiera la mano en Kuwait. Cuando por fin se hicieron públicas las comunicaciones cablegráficas entre la embajadora y el Departamento de Estado, una caterva de senadores norteamericanos se lanzó a defender a Glaspie; tanto demócratas como republicanos, daba igual. El pueblo, nosotros, dejamos impunes sus abyectas mentiras.

El presidente Jefferson dijo en una ocasión que sentía lástima de los que creían que con los periódicos se enteraban de lo que sucedía. Disraeli, el primer ministro británico, afirmó algo muy parecido. Ciertamente, desde tiempo inmemorial, los que rigen los destinos del mundo se han vanagloriado de hacerlo entre bambalinas.

Nos dicen que ganamos la Guerra del Golfo. Sin embargo, la amplia mayoría de los estadounidenses no repara en que la ganamos a costa de la dignidad y el honor de nuestra nación, que yacen pudriéndose en las arenas del desierto de Kuwait e Irak, junto a los cadáveres de las tropas iraquíes a las que aniquilamos en la retirada previamente acordada de Kuwait y de Basra. No fuimos capaces de cumplir la palabra empeñada de que nos atendríamos a la convención de Ginebra y no los atacaríamos. << ¿Qué prefieren - preguntaron los que nos manejan -, victoria o dignidad? No se pueden tener las dos cosas a la vez>>.

Hace cien años algo así no habría sucedido. Hoy en día ocurre y nadie dice nada. Vivimos en una sociedad desechable, programada para no durar. Los 4 millones de personas que viven sin techo en nuestro país, los 30 millones de desempleados y los 15 millones de niños asesinados hasta la fecha antes de nacer nos dejan indiferentes. Son elementos desechables de una conspiración tan condenable que cuando se ponen al descubierto estos datos, la mayoría descarta la existencia de la mencionada conspiración, razonando que esas estadísticas se deben a que "
los tiempos han cambiado".



Los Estados Unidos de la actualidad se pueden comparar con un soldado que se duerme en lo más recio del combate. Los norteamericanos nos hemos dejado vencer por el sueño y hemos cedido a la apatía que nos ha causado vérnoslas con una multiplicidad de opciones. Todo ello nos ha sumido en la confusión. Transformaciones de esa índole alteran el medio en que nos desenvolvemos y eliminan nuestra resistencia a los cambios, de forma que nos ponemos aturdidos y apáticos y acabamos por dormirnos en plena batalla.

Para los oligarcas y plutócratas que integran el Club de los 300, el narcotráfico tiene una doble finalidad: en primer lugar, generar ingentes sumas de dinero, y en segundo, convierte a largo plazo a un amplio sector de la sociedad de una masa de autómatas drogados más fáciles de dominar que quienes no estén enviciados, ya que la rebelión se castigará cortando el suministro de heroína, cocaína y otros alucinógenos. Ellos requieren la legislación de la droga a fin de que se pueda establecer un monopolio mediante el cual la drogodependencia alcance gran difusión, a medida que cientos de miles de obreros constantemente desempleados recurran a los estupefacientes en busca de alivio.

En uno de los documentos más secretos del Royal Institute for Internal Affaire, se describe - parcialmente- el plan:

" [...] Desengañados con el cristianismo y con el desempleo generalizado, quienes lleven cinco años o más desocupados abandonarán la iglesia y se volverán a la droga en busca de consuelo. A partir de ese momento será imperioso ejercer un dominio absoluto del comercio de narcóticos, al objeto de que los gobiernos de todos los países que se hallen sometidos a nuestra jurisdicción dispongan de un monopolio que dirigiremos nosotros como suministradores. [...] Se crearán bares que expendan droga a los revoltosos y descontentos. Los sediciosos en potencia se convertirán en inofensivos adictos sin voluntad propia. [...]"



El mundo del futuro

En resumidas cuentas, las aspiraciones del Club de los 300 consisten en generar las siguientes situaciones:

El establecimiento de un gobierno mundialista y un sistema monetario común bajo la tutela de una oligarquía permanente, hereditaria y no elegida, cuyos miembros se escogerán entre si mediante un sistema feudal semejante al del Medioevo. Con dicha entidad universal de gobierno, se pondrá coto a la explosión demográfica mediante limitaciones al número de hijos por familia, enfermedades, guerras y hambres, hasta que la población mundial se estabilice en mil millones de seres humanos útiles para la clase dirigente, distribuidos en zonas rígidas y claramente definidas.

La clase media desaparecerá y sólo quedarán siervos y mandatarios. Las leyes serán uniformadas por medio de una red internacional de tribunales que se guiarán por un mismo código, apoyados por un organismo universal de policía y un ejército supranacional que imponga el cumplimiento de la ley en el territorio de los que una vez fueron países, y que ya no estarán delimitados por fronteras. El sistema se basará en el del estado benefactor: quienes obedezcan al gobierno internacional único y se subordinen al mismo serán retribuidos con los medios para subsistir; los que se rebelen morirán de hambre o serán proscritos, convirtiéndose con ello en blanco de todo el que desee quitarles la vida. Estará prohibida la posesión privada de armas de fuego o de cualquier otra clase.

Sólo se permitirá la práctica de una religión, la de la iglesia del Gobierno Universal. El culto a Lucifer y la hechicería serán reconocidos como materias de estudio en el sistema educativo estatal, y no habrá colegios privados ni religiosos. Las iglesias habrán sido infiltradas por la subversión. En los tiempos del gobierno internacional, el cristianismo habrá pasado a la historia.



Toda persona será adoctrinada en la creencia de que es una criatura del Gobierno Universal. A este fin, se la marcará con un número que facilite su identificación, número que figurará en los archivos centrales del ordenador de la OTAN en Bruselas. En un momento dado, todo agente del Gobierno Universal tendrá acceso a dicho número. Los archivos generales de la CIA, el FBI, las policías locales y estatales, el Ministerio de Hacienda, la FEMA y la seguridad social serán ampliados en extremo y constituirán la base de datos relativos a cada habitante de los Estados Unidos.

El matrimonio será ilegal. La familia ya no existirá como la conocemos en la actualidad. Los niños serán separados de sus padres a temprana edad y criados bajo la tutela del Estado. A título experimental, esto ya se hizo en Alemania del Este en tiempos de Eric Honecker: los hijos de ciudadanos sospechosos de rebeldía eran puestos bajo la custodia del Estado.



Se promoverá la pornografía, la cual será de exhibición obligada en todo cine y teatro, sin excluir los temas de la homosexualidad y el lesbianismo. También será forzoso el consumo de drogas recreativas. A cada uno se le asignará una cantidad que podrá adquirir en los establecimientos de venta que el Gobierno Universal habrá diseminado por el planeta. Se extenderá el empleo de sustancias que permitan manipular la mente, y serán igualmente de uso obligatorio. Se las administrará por medio de los alimentos y del suministro del agua potable sin conocimiento ni permiso de los consumidores. En los bares de narcóticos, atendidos por empleados del súper gobierno, la clase esclavizada pasará sus horas de asueto. De esa manera, las masas se convertirán en una suerte de animales dominados, sin voluntad propia, que se comportarán como tales.

El sistema económico funcionará del siguiente modo: la clase dirigente permitirá que se produzca el mínimo imprescindible de alimentos y servicios para mantener los campamentos en que trabajarán multitudes de esclavos. Toda riqueza se atesorará en las arcas de los integrantes de la élite del Club de los 300. A toda persona se la adoctrinará en el concepto de que su supervivencia depende en todo el Estado. El mundo será gobernado mediante decretos emitidos por el mencionado Club, los cuales de inmediato cobrarán valor de ley. Experimentalmente, BorisYeltsin impone la voluntad del club en Rusia mediante decretos de ese estilo. No existirán tribunales de justicia, sino de castigo.

La industria habrá de ser destruida en su totalidad, junto con las plantas de producción de energía nuclear. Sólo los integrantes del Club de los 300 y sus elitistas tendrán privilegio de beneficiarse de los recursos de la tierra. La agricultura y la ganadería estarán en manos del Club, que fiscalizarán rigurosamente la producción de alimentos. Conforme comiencen a entrar en vigor estas medidas, grandes contingentes de población urbana serán transferidos a regiones apartadas. Quienes se opongan serán exterminados a la manera del experimento que llevó a cabo Pol Pot en Camboya.

Los enfermos incurables y los ancianos habrán de someterse ineludiblemente a la eutanasia. Para el año 2050 habrán sido eliminados al menos 3.000 millones de consumidores inútiles de alimentos por medio de guerras de alcance limitado, epidemias orquestadas de enfermedades virulentas, y hambre. El suministro de energía, alimento y agua se mantendrá al nivel mínimo de subsidencia para los ajenos a la élite.



Todo producto farmacéutico, médico, dentista y profesional de la salud, esencial o no, estará registrado en el banco de datos del computador central. Será imposible recetar un remedio o prescribir atención médica sin autorización expresa de los agentes responsables de imponer la autoridad en cada municipio.

No habrá moneda ni dinero en efectivo en posesión de las masas. Toda transacción se llevará a cabo mediante una tarjeta de cobro automático en la que figure el número de identificación del portador. A quien transgreda el reglamento establecido por el Club de los 300 le será inválida la tarjeta por un tiempo que variará con arreglo a la naturaleza y gravedad de la violación.

El Gobierno Universal llevará las riendas de todas las agencias noticiosas y órganos de prensa. Métodos de lavado cerebral se harán pasar por entretenimiento, de la misma manera en que se practicaba y se convirtió en técnica refinada en los Estados Unidos. A los jóvenes a los que se aparte de los padres desleales se les impartirá una educación concebida especialmente para embrutecerlos. Jóvenes de ambos sexos serán adiestrados como vigilantes en los campos de trabajo del Gobierno Internacional.

Por lo anterior, es evidente que quede mucho por hacer para la instauración del Nuevo Orden Mundial. Hace tiempo que el Club de los 300 ha perfeccionado los planes para desestabilizar la civilización tal como la conocemos en la actualidad.

En Europa Occidental se está construyendo una federación de estados con una estructura de gobierno que incluye una moneda común. Una vez logrado esto, el sistema de la Unión Europea se extenderá por etapas a los EE.UU. y Canadá. De forma lenta pero inexorable, las Naciones Unidas se están transformando en un sello de aprobación del Gobierno Universal: EE.UU. le dicta lo que tiene que hacer, como vimos cuando la Guerra del Golfo.



El impresionante secreto que envuelve al Club de los 300 hace que muchos pongan en entredicho su existencia. Ningún órgano informativo ha hecho jamás mención de dicha jerarquía conspiradora. Por consiguiente, y como era de esperar, la gente reacciona con incredulidad. El Club de los 300 está en su mayor parte en manos del monarca británico, en la actualidad la reina Isabel II.

No hay entidad que escape al dominio del Club, y salta a la vista que éste ejerce un férreo control en el terreno de las comunicaciones. Si echamos un vistazo a la RCA, descubriremos que su directorio se compone de personalidades británicas y estadounidenses que descuellan en organizaciones como el Consejo de Relaciones Exteriores, la OTAN, el Club de Roma, la Comisión Trilateral, la Francmasonería, Skull and Bones, el grupo Bilderberg, Round Table, la Sociedad Milner y la Jesuits-Aristotle Society. Entre ellos se contaba David Sarnoff, que se trasladó a Londres hacia la misma época que Sir William Stepherson se instaló en la sede neoyorquina de la RCA.

El gobierno invisible del Club de los 300 está ejerciendo una presión inmensa sobre los EE. UU. A fin de reformar el país para mal. Si logramos evitar que se nos despoje de la libertad, retrasaremos considerablemente el progreso hacia el establecimiento del gobierno supranacional. La instauración del mismo es una empresa de proporciones impresionantes que exige gran habilidad, talento organizativo y dominio de los gobiernos y su política. La única organización capaz de llevar a cabo tan ciclópea tarea con esperanza de éxito es el Club de los 300. Acabamos de ver hasta qué punto se ha acercado al éxito total.

La batalla para evitarlo será, ante todo, de carácter espiritual.


Fuente Y Traduccion

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