lunes, 24 de octubre de 2011

UN VERDADERO AMIGO: KHADAFY (NOTA DE PATRICIO MAGUIRE, 1982)




Cuando el país de los gangsters, Estados Unidos, con quien en mala hora los ingenuos y/o capaces que nos gobernaron, habían firmado tratados de ayuda mutua, y que mentirosamente anunciaron desde hace siglo y medio nos protegían con su “doctrina Monroe”; cuando la Europa decadente, prostituida y homosexual, constituida en servidora de los intereses de los gangsters de la OTAN, se prosternó, con la excepción de Irlanda y de Italia, ante los paranoicos histerismos de la menopáusica Thatcher y su reina en ruleros y baby-doll con su amante de los bajos fondos del Soho; cuando España, la madre patria bajo el yugo de un Borbón incapaz de lavar la afrenta de Gibraltar y sólo anhelante de convertirse en el más servil de los países de la OTAN; cuando países del Tercer Mundo, pero aún colonias financieras de sus ex metrópolis votaban a favor del imperialismo anglosajón en el Consejo de Seguridad y en la OEA; cuando países hermanos de sangre, de idioma y religión como Chile y Colombia traicionaban la causa de Indo-hispanoamérica; cuando Israel especulando con un futuro de sometimiento del país a la política sionista nos vendía a buen precio sus armas; cuando sólo contábamos con la adhesión, con las excepciones señaladas, de nuestros hermanos de América latina, un gobernante que surge con volumen de verdadero estadista, aunque su país sea limitadamente poblado, nos ofreció y envió las armas más modernas de su arsenal, incluyendo los famosos Exocet, en forma totalmente gratuita. No quería un centavo.

Sabía que luchábamos por la libertad, por la dignidad, por la independencia. La verdadera libertad que está tanto o más lejana del brutal capitalismo que del marxismo.

Muhammar El Khadaffi merecerá para siempre el respeto de los argentinos. Una calle de nuestra metrópoli merece perpetuar su nombre y el de su país. ¿Por qué no se cambia el nombre de Sarmiento, que vendió el país a Chile, y justificó la usurpación británica de las Malvinas, por el nombre de este estadista bienhechor y desinteresado?

El corrupto mundo occidental, especialmente Estados Unidos e Inglaterra, quieren hacer creer que Libia y Khadaffi constituyen un peligro para el mundo “occidental y cristiano”. Aseguran que fomenta los movimientos guerrilleros. Que es terrorista. Todo lo cual no es otra cosa que un tejido de mentiras y patrañas para desviar la atención de los verdaderos fomentadores de la guerrilla y del terrorismo: la CIA y el Intelligence Service que necesitan de esos métodos para desestabilizar a los gobiernos que no se les sometan o que pretendan mantener un mínimo grado de dignidad. Y el aliado de éstos, Menahem Beguin, el máximo guerrillero de todos los tiempos, cuya obra La rebelión constituye el libro de cabecera de todos los guerrilleros y por ello le otorgaron el premio Nobel de la Paz.



Arremeten Reagan y sus acólitos contra Khadaffi. Pero nada dicen, por ejemplo, del superdemocrático gobierno de Suecia, que ha incluido en su presupuesto una partida de cuatrocientos millones de coronas (cien millones de dólares) anuales para subvencionar los movimientos guerrilleros de todo el mundo, incluidos los de nuestro país. Nada dicen de la subvención del gobierno sueco a los refugiados guerrilleros en su país, con seiscientos dólares mensuales, vivienda privilegiada, obra social con vacaciones pagas de un mes por año, etcétera. ¿Por qué Reagan y la Thatcher no se refieren a esto? Simplemente porque Suecia integra el complejo supercapitalista y sus subvenciones son para los elementos desestabilizadores al servicio de la CIA.

Naturalmente que esta actitud de Khadaffi ha disgustado a ciertos factores de poder criollos que definitivamente juegan para el supercapitalismo como el diario La Prensa, que en uno de sus seudos editoriales se indignó por la donación de Libia, y por el reconocimiento que los comandos de las tres armas habrían hecho a Khadaffi. Lamentablemente uno de esos comandos, cediendo a la presión de La Prensa se apresuró a desmentir que hubiera hecho el homenaje. Lo que hubiera correspondido era ratificar el homenaje y resaltarlo ante la opinión pública. Porque la gratitud hacia quien desinteresadamente nos ofreció ayuda hace a la dignidad de la Nación, al honor militar y al de todos los argentinos.

También se quiere hacer creer, por medio de la prensa orquestada por los gangsters, que el régimen de Khadaffi es marxista. Nada más alejado de la verdad, salvo que Dios y Alá se hayan hecho marxistas, o el marxismo se haya convertido en una religión. Khadaffi es quizás el gobernante más religioso del mundo, después del Santo Padre. Impone el cumplimiento de los deberes religiosos. Es decir que es esencialmente antimarxista. Eso sí, ante la agresión de que es objeto en forma constante y por los medios más diversos por los gangsters, Libia ha debido buscar su salida comercial por el lado del bloque comunista. Exactamente igual que la Argentina, que durante el gobierno antimarxista y depredador del “Proceso”, encontró el mejor cliente de sus productos y los precios más convenientes en el mundo comunista.

Es inconcebible que las autoridades argentinas no hayan otorgado la ciudadanía honoraria a Khadaffi y condecorado con la Orden del libertador general San Martín.

Khadaffi ha cumplido una notable obra de gobernante: vive en medio de una modestia increíble, dedicando todas las riquezas del país a levantar espiritual y económicamente a su pueblo, habiéndolo transformado en pocos años.

Khadaffi logró todo ello previa supresión de la masonería y demás organizaciones rotarias, etcétera, destinadas a mantenerlo en la sumisión de los imperialismos. Tampoco funciona el partido comunista.

Todo argentino de bien está obligado a agradecer el noble y desinteresado gesto de este verdadero amigo.


Fuente: Revista “Informaciones sobre Masonería y otras sociedades secretas”, N° 8, Año II, 1982, Páginas 4, 5 y 6.
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