sábado, 18 de febrero de 2006

PLANTAS DE CELULOSA: DIMES Y DIRETES ABSURDOS

Por Luis H. Anastasía
Lic. en Oceanografía Física.
Experto en Gestión Ambiental.



No hace faltar mentir para ser catastrófico y asustar a la gente. Pero las cosas hay que verlas desde la perspectiva adecuada para apreciarlas en su cabal magnitud y evaluar sus verdaderos riesgos.

La actividad y la responsabilidad civil de un grupo de amigos y conocidos han provocado que estemos en permanente contacto intercambiando información sobre las plantas de celulosa a instalarse en Fray Bentos, y todo lo que se dice sobre el efecto potencial que la instalación y operación de estas industrias van a provocar en el medio ambiente.

Así, llegó hace unos días a mis manos un texto firmado por Raquel Núñez (Movi-miento Mundial por los Bosques (WRM), correo electrónico: raquelnu@wrm.org.uy). En este texto se expone un panorama realmente catastrófico. En realidad lo que está expresado es cierto, está basado en algunas verdades irrefutables. Sin embargo todo es una cuestión de escala y de contexto que me permito precisar a pedido de mi amigo Luis Massey, edil de Río Negro.

En el informe está escrito, y lo cito textual:

“* Dicen que si uno va a las 300 plantas de Europa, esas plantas conviven con las ciudades y no tienen problemas de convivencia. Los ríos siguen teniendo pesca y la gente se sigue bañando.

FALSO: En el verano de 2003, unos 7.500 metros cúbicos de licor negro escapa-ron de la fábrica de celulosa de UPM en Lappeenranta¸ Finlandia, y contaminaron gravemente un área importante del lago Saimaa. De acuerdo con la prensa local, “la planta de tratamiento biológico no fue capaz de hacer frente a esa súbita descarga y en el espacio de unos pocos días el licor negro se esparció aguas adentro del lago”. La prensa continúa diciendo que “el licor negro consume el oxígeno del agua, causando una elevada mortandad de peces y también oscu-rece el agua y contamina las orillas. Además, tiene un olor sumamente desagra-dable. La mitad de la población de peces resultó erradicada en un radio de tres kilómetros de la planta”. El accidente generó un enojo muy grande, ya que ocu-rrió justo cuando empezaban las vacaciones de verano (en Finlandia el verano es muy corto) y la gente se disponía a disfrutar del lago. Para peor, la empresa no informó a nadie acerca del problema. “Era como en los viejos tiempos. El agua estaba pesada, blanca, llena de espuma. El olor era terrible. Nos estropeó las vacaciones, ya que el problema duró un mes entero”. (2)”

Lo que cuenta aquí, narrando un hecho, está muy claro. No obstante me gustaría apelar a la inteligencia del lector y que me siga en un razonamiento muy básico. Aquí habla de un accidente ocurrido en UNA planta entre las 300 que funcionan, que en términos de porcentaje significa ni más ni menos el 0,33%. También es cierto que el licor negro, efluente que normalmente no es descargado sin tratar a los cursos de agua, tiene un alto contenido de materia orgánica. Los ambientes acuáticos tienen capacidad natural de degradar la materia orgánica y para eso emplean oxígeno por lo que retiran ese gas del agua y reducen la disponibilidad para el resto de los organismos.

Pero leyendo en detalle resulta que el efecto se dio en un radio de 3 kilómetros y además duró un mes. Si, fue un accidente, aunque no sabemos las causas que generaron ese accidente, que volcó a ese lago 7.500 metros cúbicos de un efluente sin tratar. Aclaremos algo, un metro cúbico equivale a mil litros o sea que fueron 7,5 millones de litros. Parece un volumen enorme, pasmoso, fuera de escala. ¿Pero qué significado tiene?¿Este volumen es único, es una excepción? Eso es otra cosa. Veamos, por ejemplo, el efluente del parque industrial de la ciudad de Gualeguaychú, que según tengo entendido, descarga al cuerpo de agua unos 73 metros cúbicos por hora de líquido industrial. Una simple cuenta y resulta que en 103 horas, o 4,3 días, ese parque industrial vuelca al ambiente acuático la misma cantidad de líquido llamado licor negro que, por accidente, derramó esta planta finlandesa. (Dicho de otro modo, durante el mes que duró el efecto de ese derrame puntual, los efluentes del parque industrial de Gualeguaychú fueron de un volumen 7 veces mayor: 52,5 millones de litros)

Veamos ahora otro de los temas denunciados en este informe redactado por R. Núñez, también citado textualmente:

“* Dicen que los olores que emiten las fábricas de celulosa no son olores desagradables, es un olor que cambia, pero no es fuerte.

FALSO: a principios de la década de 1990, el Instituto de Karelia del Sur sobre Alergia y Ambiente, en Finlandia, llevó a cabo una serie de estudios acerca de los impactos de los compuestos sulfurosos olorosos sobre la salud humana. Estos compuestos son fundamentalmente el sulfuro de hidrógeno (H2S), el metil mercaptan (CH3SH) y los sulfuros de metilo [(CH3)2S y (CH3)2S2].

Los mismos son emitidos por fábricas de celulosa que utilizan un proceso con sulfato (el mismo que se utilizaría en Uruguay). De los varios estudios realizados surge claramente que estos olores no son simplemente desagradables y molestos sino que además impactan sobre la salud, en particular incre-mentando el riesgo de infecciones respiratorias agudas, problemas de la vista, cefaleas y problemas neuropsicológicos, entre otros.

Los estudios, además, constataron que estos compuestos ingresan a las viviendas de los habitantes locales, por lo que la gente también está expuesta a los mismos dentro de sus casas. A su vez, varias personas preguntadas al respecto de su experiencia en materia de enfermedades que asocian a las fábricas de celulosa, inmediatamente hablaban de asma, alergias y problemas de la piel. (2)

En este caso hubiera sido muy bueno que citaran los trabajos científicos donde se publican estos resultados. Pero abusando de la generosidad del lector les voy a pedir que me crean cuando digo que lo que dice arriba, lo que habla de los efectos de esos compuestos sulfurosos es cierto. Si, insisto, es cierto. Pero volvemos a lo de siempre, ¿en qué contexto y circunstancias es verdad? Pues tendrían que estar expuestos a estos gases a una concentración tal que lo más probable es que nunca en su vida suceda, a menos que falle el sistema de tratamiento de gases de las plantas de celulosa y además esté usted irresponsablemente parado en la salida de la chimenea. Eso siempre que no tenga vértigo, claro está.

Ahora bien, le pido que vuelva atrás y busque la frase que dice que estos compuestos “... son emitidos por fábricas de celulosa...”. También es cierto. ¿Pero son las únicas industrias que lo emiten? No, hasta las fábricas de raciones para animales, las fábricas de alimentos para humanos también los emiten. Peor aún, para mayor pasmo, por ejemplo el sulfuro de metilo está aprobado por la FAO como un aromatizante para alimentos. Hasta resulta que las uvas tienen la mala costumbre de no saber nada de ecología, medio ambiente ni química y aportan al vino estos tres compuestos (si, los tres juntos) y forman parte de los volátiles que dan aroma a esa bebida tan común. Creo que no hay persona que no disfrute del aroma del café recién molido, y sin embargo una parte importante de ese olor es responsabilidad del sulfuro de metilo

¿Le resulta raro lo que estoy diciendo? No, los procesos naturales son los responsables de la mayor emisión, en una escala fuera de la humana, de estos tres compuestos a la atmósfera. Los océanos son una fuente enorme de emisión, igual que los volcanes activos y ñas zonas pantanosas. Pero creo que me estoy yendo de escala, ya que a la mayoría de las personas les cuesta pensar en términos de magnitud planetaria.

Vayamos entonces a escalas más pequeñas y comprensibles. Por ejemplo, la boca de los humanos y cualquier otro animal carnívoro y omnívoro, donde resulta que el proceso de las bacterias que se encuentran en la lengua, paladar y encías producen los tres elementos juntos (para no olvidarnos: sulfuro de metilo, metil mercaptano y sulfuro de hidrógeno) y es la principal causa del mal aliento (halitosis).

¿Y sabe Usted cuál es uno de los principales tratamiento recomendado para la halitosis? Me atrevo a pensar que no lo conoce, así que se lo voy a comentar: resulta que es el dióxido de cloro.

Ya para abundar en datos: ¿conoce Usted algún vecino que tenga mal olor en los pies? Dígale que las bacterias de la piel ubicadas entre los dedos de los pies están liberando metilmercaptano.

Volviendo a lo que siempre predico: todos tenemos libertad de decir lo que queramos, pero antes que ejercer esa libertad debemos hacer un examen de conciencia para estar seguros que vamos a decir la verdad o dar la mayor información posible, no sólo la que a nosotros nos conviene en determinado momento.

Para terminar, quisiera advertir sobre otro compuesto, que también va a ser emitido en forma líquida por las plantas de celulosa: el monóxido de dihidrógeno. Es un compuesto que ingerido en exceso en forma aguda causa la muerte por edema cerebral, que ingerido en exceso en forma crónica provoca serios problemas renales; además en un ambiente saturado de este compuesto en forma líquida ingresa por las vías respiratorias y causa la muerte en pocos segundos; por otro lado está regulado por todas las normativas de seguridad industrial cuál es el máximo permitido en un ambiente cerrado cuando se encuentra en forma de vapor.

¿Sabe qué es el monóxido de dihidrógeno? Su fórmula es el H2O. Si, no se equivocó. Es el agua. Esta es una demostración de cómo puedo decir la verdad de algo inofensivo y al mismo tiempo ser totalmente catastrófico.

Referencias [1] El numeral corresponde a una cita en el texto: 2. “Tras la huella de la celulosa en Finlandia. La otra cara de la moneda”, junio de 2005, investigación en el terreno realizada por Ricardo Carrere, http://www.guayubira.org.uy/celulosa/Finlandia.html


FUENTE

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Intereses Cruzados: Facsímil del artículo publicado por la revista NOTICIAS, en su edición del 29 de enero, 2006, sobre el tema de las plantas de celulosa a instalarse en Fray Bentos, Uruguay. En la nota se reproducen extractos de nuestro artículo "Esa Vieja Costumbre de mentir". Esta publicación dió motivo a una entrevista en el programa de Canal 7 de TV, de Buenos Aires, que conduce el periodista Victor Hugo Morales, a quien también publican sus comentarios sobre las plantas.

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