jueves, 9 de febrero de 2006

Ex dirigente de Greenpeace apoya la energía nuclear

Dick Taverne es miembro de la Cámara de los Lores de Gran Bretaña, y ex integrante de Greenpeace y de Amigos de la Tierra. Oxford University Press publicó su libro acerca de la ideología anticientífica del movimiento ambientista radical, March of Unreason: Science, Democracy, and the New Fundamentalism (La marcha de la sinrazón: ciencia, democracia y el nuevo fundamentalismo), en marzo del 2005.

A continuación reproducimos extractos de una entrevista que le concedió a Gregory B. Murphy de EIR el 21 de marzo.

EIR: ¿Podría contarnos sobre su formación, y de cómo se involucró en esta lucha por la ciencia —la radiación, la energía nuclear, la biotecnología— y en contra de la seudociencia y la loca opinión popular?

Taverne: Bueno, no soy un científico. Mis antecedentes originalmente vienen del campo del derecho, y después fui miembro de la Cámara de los Comunes, y tuve relaciones con la industria. Luego me nombraron miembro de la Cámara de los Lores. Pero a últimas fechas, en realidad en los últimos diez años, me he preocupado cada vez más por la relación que existe entre la ciencia y la política, y por la actitud pública que hay hacia la ciencia. Me casé con una científica. Y una de las cosas que no deja de sorprenderme es que, cuando la gente dice, “no se nada de ciencia”, no es tanto que lo reconozcan; lo afirman casi como alardeando.

En estos momentos lo que hay en marcha es una suerte de corriente anticientífica. Hay una desconfianza en los expertos. Hemos tenido algunas experiencias muy desagradables con la encefalopatía bovina espongiforme [o enfermedad de las “vacas locas”] y, antes de eso, con la talidomida (un medicamento que salió al mercado en los 1950, y que fue descontinuado al descubrirse que producía graves defectos de nacimiento en los bebés de madres que la consumieron—Ndr.). Existe una sensación generalizada de recelo hacia la ciencia y la práctica [científica], y a la gente la impresiona particularmente la clase de modas del “regreso a la naturaleza”, que promueven la medicina complementaria, la medicina alternativa.

También está muy entusiasmada con la agricultura orgánica. La aceptación que tiene la agricultura orgánica aumenta a saltos agigantados, y han desarrollado una gran hostilidad contra los avances modernos como la ingeniería genética, al menos en lo que a las plantas respecta; los aceptan en la medicina por sus obvios beneficios.

Y creo que este ambiente de hostilidad contra la ciencia puede ser muy peligroso a la larga, porque puede destruir una industria que por tradición ha sido el fuerte de Europa —la ciencia botánica de Gran Bretaña siempre ha tenido una altísima calidad—, de modo que puede ser muy dañino en lo económico; y porque también es peligroso perderle el respeto a las pruebas y dejarse llevar por la intuición, y por la suerte vaga añoranza por los tiempos medievales místicos, cuando el hombre vivía en unidad con la naturaleza.

Todo comenzó con la Primavera silenciosa

EIR: ¿Podría hablarnos un poco de su libro?

Taverne: Comienzo echándole un vistazo a la época de la Ilustración, y a cómo este ambiente de optimismo de entonces devino en una suerte de ambiente contemporáneo de mayor pesimismo, el cual es más evidente en Europa que en los Estados Unidos, según creo. Y digo que eso tuvo varias causas.

Creo que hubo la reacción a las armas nucleares. . . la sensación de que podía destruirse al planeta. Pero la fuerza principal, en cierto sentido, fue un ambientismo extremo. Éste comenzó con Rachel Carson y su libro Primavera silenciosa. Era un libro muy inspirador, pero lo exageró. Ella decía, entre otras cosas, que el dedeté causaba cáncer, y esto llevó a una prohibición mundial del dedeté, misma que ha tenido efectos desastrosos. Lo que quiero decir, es que el dedeté fue el agente más exitoso jamás inventado para combatir las enfermedades de transmisión vectorial. La malaria fue prácticamente exterminada, erradicada, en muchas de las regiones donde estaban fumigando con dedeté. Ahora que ya no se fumiga, la malaria está matando un millón de personas al año.

De modo que, el ambientismo extremo, no el ambientismo sensible y pragmático, el cual apoyo, el ambientismo extremo cobró prominencia, y ha encontrado expresión a través de muchos de los movimientos verdes, los cuales son muy fuertes en Europa, y han hecho que la gente le dé la espalda a la ciencia

Pero el asunto absolutamente fundamental en el que me concentro, es el campo de batalla central donde las fuerzas de la razón y la sinrazón chocan: los cultivos genéticamente modificados. Ahora hay una campaña fenomenal contra eso en Europa, y no está basada en pruebas. Lo que quiero decir, es que ustedes en los Estados Unidos han estado consumiendo alimentos genéticamente modificados por bastante más de siete u ocho años, y no me he visto siquiera que haya abogados haciendo demandas. Y si los abogados estadounidenses no demandan, ¡algo tiene que estar bien!

No hay pruebas [de que los alimentos genéticamente modificados sean nocivos]. . .

EIR: Esto suena muy parecido a cómo le dijeron a los agricultores aquí que pasaran de sembrar cultivos con un pequeño crédito tributario a la producción, a convertir sus granjas en granjas eólicas, con estos molinos de viento. Es una reducción impositiva de 1 o 2%, pero si no fuera por eso, a la industria eólica básicamente ya se la hubiera llevado el viento.

Taverne: Lo mismo se aplica a este país. Creo que también ya se la hubiera llevado el viento, y en realidad no me molestaría verla desaparecer; porque creo que si vamos a tratar de limitar las emisiones de carbono, y, en general creo que es lo sensato, entonces debemos optar por la energía nuclear.

La energía nuclear es segura

EIR: Esos son mis antecedentes. Formé parte del programa de energía nuclear de la Marina aquí en los Estados Unidos.

Taverne: Bueno, hay muchos cuentos falsos sobre la energía nuclear. Por supuesto, tienes que ser muy cuidadoso con la radiación; pero en dosis pequeñas, es muy interesante, ¡la radiación puede ser de hecho benéfica para ti! He visto las estadísticas de los trabajadores de los talleres nucleares en los Estados Unidos y Canadá, y también en general de todo el mundo, de personas que trabajan en la industria nuclear, y lo interesante es que en realidad tienen tasas de incidencia de cáncer más bajas que los grupos de control, lo cual es algo que los japoneses han reconocido, pero la mayoría del resto de la gente no.

EIR: Eso es muy cierto, y la revista 21st Century Science & Technology (una publicación también asociada con el movimiento internacional de LaRouche—Ndr.) ha informado del fenómeno de los niveles de radiación bajos con bastante amplitud.

Taverne: Me da gusto escuchar eso. Me han considerado un poco como un rebelde en Gran Bretaña, por sacar a colación esto en los debates de la Cámara de los Lores, y por escribir artículos al respecto en los periódicos.

EIR: Existe mucho misticismo en torno al lenguaje —alimentos genéticamente modificados y todas esas cosas—, lo que le abre un poco el camino a los “ecofundamentalistas”, como los describes, para que vengan con su anticiencia.

Taverne: Eso es absolutamente cierto. Una de las cosas interesantes es que, la manera en que los cabilderos anticiencientíficos (yo los llamo ecofundamentalistas) se han apropiado del lenguaje. Digo, ¿“alimentos Frankenstein”? ¡Qué término tan brillante! En realidad han llevado su ingenio al extremo en la forma como usan el lenguaje. . . Hay toda clase de formas en que los ecofundamentalistas usan cambios sutiles del lenguaje, y creo que debemos ser concientes de ello y mantener los ojos bien abiertos.

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