lunes, 16 de enero de 2006

Los Témpanos Turistas de 2005, 1955, 1928…

El 10 de enero pasado los canales de la TV argentina concentraron algunas horas de emisión para mostrar el pasaje de dos pequeños témpanos de hielo frente a las costas de Mar del Plata, donde ateridos y acongojados turistas no habían podido aún acceder a bañarse en las ya tradicionalmente frías aguas de la costa bonaerense.

"Sobre llovido, mojado," pensaron muchos, lamentándose quizás de no haber elegido las cálidas playas del sur de Brasil para sus vacaciones. Aunque entre la perspectiva de no bañarse y sufrir el frío, o ser asaltados y ver devalijados sus departamentos en Bombi-nhas o Camboriú, creo que el frío gana por varios cuerpos.

Sin embargo, nada tiene de raro ni de algo sin precedentes el viaje de témpanos buscando latitudes más bajas, y las anécdotas son variadas. De acuerdo a los datos que siempre nos envía nuestro amigo Carlos Parise desde Buenos Aires, en enero de 1928 unos enormes témpanos pasaron frente a las costas de Mar del Plata para deleite de los turistas en la playa, suceso que fue ampliamente comentado en los diarios de todo el país. Estos inmensos témpanos siguieron su rumbo y llegaron hasta las costas de Río de Janeiro, Brasil.

También se repitió el fenómeno en 1955, cuando un gigantesco témpano de unos 400 km de largo se desprendió de la Antártida y luego de dividirse en varios pedazos, estos siguieron su camino rumbo a las costas de Mar del Plata y de Brasil. Los bloques de hielo de enero de 2005 son dos muy pequeños trozos que han sobrevivido debido a las bajas temperaturas de las aguas de la corriente de Malvinas y las anormalmente bajas temperaturas del aire de la primavera y gran parte del verano del extremo sur de Suda-mérica. No creemos que lleguen demasiado al norte.

Como lo saben los glaciólogos, los desprendimientos de témpanos de la Antártida se deben a desprendimientos de grandes frentes del hielo de los glaciares de la Antártida que desembocan en el mar y que forman las grandes barreras de hielo como las de Ross, Larsen, etc.

No es el calor de la atmósfera quien provoca el desprendimiento, sino el empuje de las masas de hielo del glaciar –un verdadero río de hielo- haciendo que el balcón formado por las barreras de hielo no pueda mantener más el peso del hielo y se quiebra, desplo-mándose al mar. Las barreras de hielo no flotan sobre el mar, sino que están sujetas a tierra firme a lo largo de toda su extensión, formando una estructura rígida. El mar, de aguas más cálidas (+ 2º C a 4º C) va socavando por debajo a las barreras, verdaderos “balcones” que finalmente se quiebran o desploman cuando la estructura de hielo es incapaz de soportar el peso que se ha ido agregando a lo largo de los años.

El calentamiento global observado desde 1860 hasta la fecha (0.6º C) es insignificante para alterar las condiciones de congelación de las barreras de hielo o los glaciares de la Antártida, donde la temperatura del aire de superficie es del orden de –15º C en prome-dio. Un “calentamiento” de 0,6º C en esas superficies de hielo, las llevaría de –15º C a – 14,4º C, todavía muy lejos de la temperatura en donde el hielo comienza a derretirse.

Esta imagen tomada del excelente sitio web “Historia del Clima de la Tierra,” de nuestro viejo amigo y gran climatólogo Español Dr. Antón Uriarte, muestra claramente la manera en que los témpanos se van formando por desprendimientos (o “calving”) de los frentes de hielo de glaciares que avanzan. Veamos la manera en que Uriarte lo explica en su gran libro, Historia del Clima de la Tierra.

Otro problema diferente y más complicado de vaticinar es el posible colapso del manto de hielo que cubre la Antártida Occidental. Gran parte del manto de hielo es esta zona occidental se apoya en las plataformas de hielo costero de Ronne (en el mar de Wedell) y de Ross. Estas plataformas de hielo de varios cientos de metros de espesor actúan de contrafuertes del hielo continental. Uno de los temo-res para el futuro, si el calentamiento global se confirma y se hace más intenso, es que podrían des-helarse y provocar grandes deslizamientos de hielo desde el continente al mar (Oppenheimer, 1998).

Ocurre que estas plataformas no se apoyan en el suelo marino, sino que, por el contrario, tienen agua por debajo que socava su base. Si el mar se calentase, podrían sufrir una fusión suficiente como para que se desgajasen en icebergs que las corrientes alejarían mar adentro. Al menguar o desaparecer estas plataformas marinas, es posible que, a continuación, se acelerase la caída del hielo continetal que sujetan Sin embargo, mediciones recientes del hielo en la zona de Ross indican que en los últimos tiempos lo que se produce allí es lo contrario: más acumulación de hielo (Joughin, 2002; Raymond, 2002).

Otra zona delicada es la Península de la Antártida, ya casi fuera del círculo Polar. Recientemente se ha producido allí, a unos 65ºS, una fusión parcial de la plataforma marina de Larsen, que ha venido unida a un calentamiento del aire en las últimas décadas, La repercusión en el nivel del mar es casi nula, ya que es hielo marino flotante y que no sujeta apenas ninguna masa de hielo continental (Vaughan, 1995). Además, el análisis de la historia de la plataforma de Larsen durante el transcurso del Holoceno indica avances y retrocesos importantes por causas no antrópicas. (Domack, 2001).

Como se ha podido comprobar, los témpanos o icebergs que se desprenden de las barreras de hielo de la Antártida lo hacen por efectos del crecimiento de la masa de hielo, cuyo peso abrumador termina por vencer la resistencia del hielo y provocar el desprendimiento de grandes trozos de hielo o el desplome (por las mismas razones) de la mayor parte de la gran barrera de Larsen, como aconteciera en el 2004.

Aprovechamos que estamos en el tema del derretimiento de los hielos polares y que tenemos al Dr. Uriarte a mano, veamos su opinión sobre el descongelamiento del Ártico:

El Ártico

El hecho térmico más notable registrado en el Ártico durante el Siglo 20 fue una subida rápida, supe-rior a 1º C entre 1920 y 1940. Después las temperaturas bajaron entre 1940 y 1970, y finalmente se produjo una nueva subida entre 1970 y el 2000, alcanzándose ahora un máximo término algo superior al de 1940 (Polyakov, 2002; Moritz, 2002). La temprana iniciación de la subida térmica sugiere un aumento de la radiación solar, o la disminución de la actividad volcánicam han tenido más importancia que los efectos antrópicos (Overpeck, 1997).

Además, contrariamente a las predicciones de los modelos numéricos, la tendencia a la subida de la temperatura disminuye o se detiene en la segunda mitad del Siglo 20, cuando mayor es el incremento de las emisiones de CO2.

Un poco más adelante, el Dr. Uriarte nos explica algo sobre el hielo marino del Polo Norte:

El hielo marino de Ártico tiene una estructura compleja, consistente en diferentes tipos de hielos, con diferentes espesores, que puede variar desde regiones recubiertas por finas láminas de hielo recién formado, hasta otras zonas donde la compresión del hielo origina amontonamientos de hasta 50 metros de espesor.

Se producen también grandes variaciones estacionales y anuales. El espesor medio en el Polo Norte es de entre 3 y 4 metros a finales del invierno, pero es frecuente que en el verano aparezcan allí zonas descongeladas por completo, que permiten a los submarinos ascender y emerger a la superficie. Además, la variabilidad del espesor del hielo aumenta debido a que la banquisa ártica se mueve cons-tantemente. Este movimiento, que es de varios metros por día, es variable ya que está influenciada por el campo de presión y por los vientos, y ello provoca el engrosamiento temporal en algunas zonas y su adelgazamiento en otras (Maslowaki,2000; Kimura, 2000; Tucker, 2000) Por todo ello, es aún difícil determinar empíricamente la tendencia a largo plazo del espesor del hielo en el conjunto del Ártico.

Cuando se analizan todos los datos disponibles sobre el Ártico, se llega a la misma conclusión a la que llegó el Dr. Uriarte, quien no ha hecho nada más que sacar sus muy razonadas conclusiones sobre lo que los cientos (o miles) de estudios disponibles sobre el tema existen en la literatura científica de la climatología y las ciencias atmosféricas.

Los medios de comunicación, por su parte, se limitan a publicar aquellas conclusiones de algunos muy pocos estudios que, dejando de lado observaciones comprobadas, basan sus predicciones catastrófi-cas en modelos computados de muy dudosa utilidad. Y los noticieros de la TV están encantados de llenar horas de información con vistas de tempanitos que pasan frente a Mar del Plata, para entrete-nimiento de los miles y miles de turistas que no han podido todavía gozar de las delicias de la playa gracias a un tiempo anormalmente frío y cubierto de nubes que son condensadas y transformadas en lluvia por los helados vientos que vienen desde la Antártida.

Estos “frentes fríos” son los “Polar Mobile Highs”, o “Presiones Altas Polares Móviles”, descritas por el climatólogo Marcel Leroux, y que están causando furor entre los climatólogos porque a partir de allí se les viene abajo la estantería del calentamiento antrópico tan laboriosamente construida –con notable y eficaz ayuda de los medios de prensa.

En poco tiempo más presentaremos en estas páginas la teoría y las pruebas que tiene Leroux para su teoría, expuestas en su último libro (“El Clima de la tierra,” $150.00 dólares!) publicado en Francia, y donde hemos hallado que entre las referencias que tienen que considerarse en este tema figura nues-tro artículo de Septiembre de 2003: “Ola de Calor en Europa: El Misterio Develado”. Monsieur Docteur Leroux, usted nos honra.

Eduardo Ferreyra
Presidente de FAEC

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