lunes, 30 de enero de 2006

La estrategia de Peron para sobrevivir a un Gobierno Mundial

El Continentalismo de Perón frente a la globalización sinárquica

El avance arrollador de la mundialización, la global-invasión, es el hecho político y cultural fundamental de esta época, ineludible a la hora de formular una propuesta que pretenda reasumir y actualizar los contenidos doctrinarios y políticos auténticos del Justicialismo, magistralmente resumidos por el general Perón en las consignas fundacionales e incambiables de Soberanía Política, Independencia Económica y Justicia Social.

La llamada globalización no es sólo el resultado de la evolución de la historia humana; tampoco es simplemente la modificación profunda de la organización y el modo de funcionamiento de la economía mundial, debida al impacto del progreso tecnológico. Es más bien, sobre estos trasfondos, la construcción de un verdadero gobierno mundial de facto, dirigido desde centros de poder con asiento visible en Washington, Londres o el Vaticano, centros que trascienden los gobiernos e instituciones formales, aunque actúen a través de ellos, para insertarse en lo que Perón llamó la Gran Sinarquía Internacional. La construcción del Estado global implica necesariamente la máxima restricción o directamente la liquidación de los Estados nacionales y de cualquier margen de soberanía que éstos pretendan conservar actualmente, en especial de los Estados vasallos, para utilizar la terminología contundente de Zgbniew Brzezinski, uno de los ideólogos de la geopolítica de la mundialización.

Este proceso ha entrado en una fase de aceleración, como lo demuestran algunos acontecimientos claves:

- La decisión de la OTAN (abril de 1999) de modificar sus objetivos estratégicos y su campo de acción y transformarse explícitamente, de una alianza defensiva, en las verdaderas fuerzas armadas de imposición y control del gobierno mundial. Esta nueva concepción geopolítica tuvo su bautismo de fuego en el ataque a Serbia.

- La construcción de una justicia internacional, por sobre la jurisdicción de los Estados nacionales, cuyo primer caso paradigmático fue la detención de Pinochet, más allá del desenlace que tuvo y de los objetivos puntuales de la geopolítica inglesa.

- Tras las crisis financieras producidas por los movimientos de los capitales especulativos, la creciente presión para imponer controles que impliquen la creación de una verdadera autoridad financiera mundial, como ahora lo reclaman George Soros o Henry Kissinger, autoridad que lejos de proteger a los vasallos, impulsará otra vuelta de tuerca para aferrarlos aún más a la tiranía de los organismos financieros internacionales.

- En otro plano, que también debe observarse con cuidado, la ofensiva ecumenista de Juan Pablo II, particularmente sus dos recientes giras por Egipto y Palestina, que implican una aceleración de la promoción desembozada del judeocristianismo, sostén espiritual fundamental del nuevo orden.

Las advertencias y propuestas de Perón

El general advirtió sobre la necesidad de prepararse para afrontar la etapa inexorable del universalismo, señaló los riesgos y propuso las grandes líneas de acción.

En declaraciones al diario El Mundo, de Río de Janeiro, en 1948, planteó:

"Estoy por la constitución inmediata de una unión aduanera sudamericana, a fin de que formemos un bloque económico capaz de discutir sobre un pie de igualdad con las grandes masas económicas que se constituyen en otras latitudes. Es necesario que los latinoamericanos unan sus esfuerzos, a fin de que la gran civilización de que son herederos -desde Grecia acá- no desaparezca absorbida por los eslavos y anglosajones, constituidos actualmente en bloques antagónicos, pero que en cualquier momento pueden unirse".

En el Modelo Argentino, más de un cuarto de siglo después, expresa:

"Difícil y sutil tarea es ésta para los hombres del futuro: lograr una integración que no consista en una nueva manifestación enmascarada del imperialismo; compatibilizar el universalismo con la indispensable preservación de la identidad de los pueblos. Así como sostuve que una auténtica Comunidad Organizada no puede realizarse si no se realiza plenamente cada uno de sus ciudadanos, pienso que es imposible concebir una integración mundial armónica sobre la base de una nivelación indiscriminada que despersonalice a los pueblos y enajene su verdad histórica.
Para nosotros, los argentinos, esta ardua labor nos exige robustecer desde ya una profunda cultura nacional, como único camino para consolidar el ser nacional y para preservar la unidad en las etapas que se avecinan (...)

Deben considerarse dos etapas esenciales, a las que me he referido en innumerables oportunidades: la del Continentalismo y la del Tercer Mundo. La etapa del Continentalismo configura una transición necesaria... Debemos actuar unidos para estructurar a Latinoamérica dentro del concepto de Comunidad Organizada y es preciso contribuir al proceso con toda la visión, perseverancia y tesón que haga falta. Tenemos que asumir el principio básico que dice "Latinoamérica para los latinoamericanos"...

No cabe duda de que el Tercer Mundo debería conformarse como una extensa y generosa comunidad organizada. El Modelo Argentino incorpora y sintetiza nuestra Tercera Posición; pero no puedo dejar de reconocer que Tercer Mundo y Tercera Posición no significan lo mismo. La Tercera Posición es una concepción filosófica y política. No todos los países que integran el Tercer Mundo participan necesariamente de ella. Es prudente admitir en consecuencia que la fortaleza del Tercer mundo ha de residir precisamente en la sólida configuración de un movimiento que respete la pluralidad ideológica, siempre que conserve el denominador común de la liberación".(Modelo Argentino, Argentina en la Comunidad Mundial).

En el arco temporal de casi 30 años se advierte la admirable profundidad y coherencia del pensamiento de Perón, que traza las grandes líneas conceptuales y estratégicas para afrontar esta etapa histórica y no ser disueltos como Nación en el proceso de mundialización: la Tercera Posición como respuesta doctrinaria y política y la construcción del Continentalismo en Latinoamérica como respuesta geopolítica.

El justicialismo "globalizado"

Desde ciertos sectores del justicialismo se ha pretendido sostener que la aceptación lisa y llana de la globalización impuesta por los centros de poder mundialistas, la integración de América en el marco del proyecto norteamericano del ALCA (es decir, las "relaciones carnales" con Washington) y la construcción del Mercosur, son la expresión actualizada y concreta de la propuesta de Perón. (Ver p. e. Perón y la globalización, del ex secretario de Planeamiento Estratégico del gobierno de Menem, Jorge Castro, trabajo que durante su presentación mereció una cobertura inusitada, por lo extensa, de los canales de noticias nacionales).

Desde esos sectores -tal es la tesis del "menemismo" y del libro mencionado- se sostiene que la única alternativa de la Argentina frente a la globalización es "desempeñar permanentemente un activo papel de vanguardia en la marcha hacia el universalismo", en el sentido de que "sólo el impulso al cambio hacia una sociedad mundial, llevado a cabo mediante una acción político estratégica efectiva, permitirá influir en los centros de decisión como los Estados Unidos, Europa y Japón" (pp. 29 y 22).

La tesis se descalificaría a sí misma por lo ingenua. Basta confrontarla con el párrafo citado de Perón para concluir que este planteo no tiene nada que ver con el pensamiento de nuestro general. En lugar de impulsar un continentalismo latinoamericano que nos posibilite no ser arrasados por la globalización, propone convertirse en agentes activos de esta mundialización pensada desde los centros de poder mundial. Se deja de lado el hecho crucial de que, en el marco de un proceso histórico innegable, hay además una construcción política conciente que apunta a un gobierno mundial, en la que tenemos asignado el papel de vasallos. Justamente para evitarlo, Perón propone otra construcción política que permita conservar márgenes de decisión política imprescindibles.

El justicialismo globalizado quiere en suma afianzar la alianza estratégica con E.U. y constituir la Asociación de Libre Comercio Americana (ALCA), para "hacer realidad la propuesta de integración de América del Artico al Antártico planteada por Perón -dicen- en 1953". Aclaremos que esta propuesta, supuestamente asumida por el general en su discurso del 11/11/53 en la Escuela Nacional de Guerra, brilla allí por su ausencia. Pero más allá de este desliz, si algo está claro en el pensamiento del general es que la integración latinoamericana (y no americana) tiene como primer objetivo sustraernos a la hegemonía yanqui y evitar ser insumidos en los esquemas de dominio geopolítico de las grandes potencias, E.U. la primera de ellas.

El Mercosur en la etapa continentalista

La construcción del Mercosur sería así la expresión "regional" de la propuesta de Perón, actualizada a la década del 90. Pero hay dos visiones y dos propuestas para el Mercosur:

- Una es la de E.U. p. e., apoyada entre otros en quienes proponen la dolarización de la economía argentina y la del conjunto del bloque regional: el Mercosur es una etapa hacia una integración mayor de toda América, cuya expresión económica sería la ALCA. Se trata del proyecto de Washington de extender el NAFTA a toda América para reforzar su propia hegemonía política.

- Otra es concebir el Mercosur como un acuerdo, que debería extenderse a toda América del Sur, para preservar y defender un margen lo más amplio posible de autonomía política y económica, una verdadera alianza estratégica que permita negociar en otros términos frente a E.U. o cualquier otro centro de poder mundial, por caso la Unión Europea.

¿Qué Mercosur es el que se ha estado construyendo? Desde su creación éste ha seguido un itinerario contradictorio.

A favor de una integración políticamente autónoma podemos mencionar:

- La decisión, adoptada fundamentalmente por iniciativa del Brasil, de negociar en bloque con E.U. a propósito de la cuestión de la ALCA, contra la intención de Washington de hacerlo por separado con cada país.

- La firma de un acuerdo entre Brasil y Argentina para una alianza estratégica que trasciende los aspectos económicos y abarca cuestiones políticas y militares, incluso la formación de una fuerza de defensa regional.

- La incorporación, aunque no plena, de Chile y Bolivia, especialmente significativa en el primer caso, según la visión de Perón

- Las coincidencias de los países miembros en torno de la cuestión de la justicia supranacional, a propósito del caso Pinochet y otros.

- El rechazo a la presión norteamericana para que las fuerzas armadas asuman la "lucha contra el
narcotráfico", debido también esencialmente a la posición de Brasil.

Pero hubo también hechos que generaron conflictos internos y abren, a propósito del Mercosur, un signo de interrogación:

- La decisión de la Argentina de incorporarse como aliado extra-OTAN de E.U. (concretada) y el pedido de sumarse directamente a la OTAN (no concretado).

- Las diferencias entre Argentina y Brasil a propósito de la situación de Colombia. La posición inicial argentina pareció admitir la posibilidad de una intervención militar norteamericana, alternativa rechazada por Brasil.

- La propuesta de dolarización sustentada por Menem y parte del establishment económico-financiero argentino, que significaría la liquidación del bloque como alternativa de integración autónoma.

- Las diferencias entre Brasil y Argentina a propósito de las elecciones de Perú. La posición brasileña, que modificó el planteo inicial del gobierno de De la Rúa, fue la que impidió que la OEA aprobase la descarada intervención que promovía Washington en cuestiones estrictamente internas de ese país. Este hecho, más allá de las declaraciones, ilustra la continuidad de la política exterior argentina, a pesar del cambio de Menem por su sucesor, continuidad evidente en muchos otros aspectos.

- La devaluación de la moneda brasileña, efecto de la presión internacional, pero que provocó un golpe severo a la economía argentina y dio argumentos a quienes propician la profundización del acercamiento a E.U.

Si no hay alianza estratégica entre Argentina y Brasil, más Chile, no hay posibilidad de integración de América del Sur. Esto lo vio claro el general, que intentó concretarla durante su primer gobierno, sin lograrlo, por la oposición de sectores internos de Brasil contra la política de Getulio Vargas. Luego, en la década del 70, durante el breve gobierno justicialista, no hubo posibilidad de alianza, en la medida que Brasil era la potencia proconsular de E.U.

Pero actualmente Brasil parece apuntar a lograr un margen de independencia frente a la geopolítica norteamericana. No ha desactivado sus proyectos tecnológicos estratégicos, no aceptó intervenir en la guerra del Golfo; ha rechazado las amenazas de internacionalización de la Amazonia (aspecto fundamental de sus actuales diferencias con Washington); ha objetado la intervención norteamericana en Perú y una eventual intervención militar en Colombia.

Argentina fue por el contrario la que, apartándose de la idea de Perón, actuó en estos últimos diez años como punta de lanza de la geopolítica norteamericana en el Cono Sur, en lugar de buscar con Brasil un real entendimiento. El último viaje de De la Rúa a E.U. parece anticipar que no habrá grandes cambios en este sentido.

No es éste el concepto de Perón sobre el continentalismo. Hace falta un replanteo del Mercosur que pasa esencialmente por la relación Argentina-Brasil y el abandono de las "relaciones carnales" con Washington

Para el Mercosur hay tres opciones:

1. Una etapa hacia una integración americana bajo la égida de E.U.

2. Un bloque regional encabezado por Brasil, pero subordinado a E.U., según el esquema de potencia proconsular, de Kissinger, o de Estados cabeza de conglomerados regionales, con base cultural común, de acuerdo con el esquema de Estado mundial, de Huntington.

3. Un bloque sudamericano con un margen significativo de autonomía política.

Y tres opciones también hay para la Argentina:

1. Profundización de las "relaciones carnales" y eventualmente p. e. incorporación al NAFTA (proyecto que la próxima administración yanqui reflotará).

2. Integración al Mercosur, pero con rol subordinado a Brasil en el esquema "Brasil potencia industrial y tecnológica y Argentina proveedora de alimentos y materia prima", esquema que no escapa a las intenciones de Itamaraty.

3. Integración al Mercosur, pero en el marco de una verdadera alianza estratégica, política, económica y de defensa regional que pueda ampliarse a toda América del Sur, sin aceptar la hegemonía yanqui, alternativa aceptable para Brasil que sabe que no habrá verdadero bloque sudamericano sin la Argentina.

En ambos casos las terceras opciones son las que concretarían la propuesta geopolítica de Perón.

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